20 abr. 2017

Marguerite Duras: "El amante"

«Muy pronto en mi vida fue demasiado tarde. A los dieciocho años ya era demasiado tarde. Entre los dieciocho y los veinticinco años mi rostro emprendió un camino imprevisto. A los dieciocho años envejecí (…). Ese envejecimiento fue brutal (…). Tengo un rostro lacerado por arrugas secas, la piel resquebrajada. No se ha deshecho como algunos rostros de rasgos finos, ha conservado los mismos contornos, pero la materia está destruida. Tengo un rostro destruido. Diré más, tengo quince años y medio» (“El amante”, M. Duras)


Marguerite Duras, la autora. 
Tras leer "El motel del voyeur" de Gay Talese cayó en mis manos, por puro azar, un librito de la francesa Marguerite Duras titulado "El amante". De esta escritora, -nacida en Gia Dinh, cerca de Saigón, Vietnam, el 4 de abril de 1914-, sabía yo dos cosas: una, que siempre se la citaba como representante cualificada de la tendencia narrativa "Nouveau roman", corriente literaria y autora de las que yo guardaba buen recuerdo tras haber leído hacía ya bastantes años una de sus novelas titulada "Un dique contra el Pacífico"; la segunda cosa era que Duras había participado como guionista en el bellísimo film "Hiroshima, mon amour" que en 1960 dirigiera Alain Resnais. Yo había visto la película y había leído el guión, y guardaba un recuerdo fantástico de ambos.

El "nouveau roman"
Muchos años han pasado de esas lecturas y de mi cierta admiración por el movimiento "Nouveau Roman" que periclitó hará por lo menos una treintena de años, como poco. Esta tendencia narrativa iba contra la novela tradicional decimonónica tipo Balzac basada en el binomio espacio-tiempo (cronotopo). Los integrantes de ese movimiento renovador -francés fundamentalmente- de la novela querían adelgazar la anécdota y mostrar objetivamente ('objetivismo' o 'behaviorismo' son denominaciones que, entre otras, se le aplican) algo en un presente sin evolución temporal. No están por mostrar la aventura del personaje sino más bien la "aventura de la escritura", una búsqueda sin finalidad, una exploración del subconsciente, en la cual el asunto, los personajes, la intriga y las situaciones se diluyen. 

Lo anterior no era algo de obligado cumplimiento, sino que cada autor (Alain Robbe-Grillet, Michel Butor, Marguerite DurasNathalie Sarraute, Robert Pinget, Claude Simon entre otros) construía las novelas a su modo, acogidos todos ellos, eso sí, dentro de un evidente experimentalismo. La editorial francesa, Editions de Minuit, los lanzó en una clara operación comercial. Para entender este movimiento hay que echar mano del libro que en 1963 publicó Robbe-Grillet, "Por una nueva novela" ('Pour un nouveau roman'), una recopilación de artículos suyos escritos entre 1953 y 1963, en los que intentó aclarar en qué consistía ese movimiento que un crítico francés en 1957 había denominado así. Muy interesante es destacar que el escritor francés se opone a la consideración de antinovelas y de falta de anécdota en esas novelas diciendo que no se podía obviar que "Claude Simon venía de Faulkner, Michel Butor de Joyce y él mismo de Kafka". Según él "Proust y Kafka estaban llenos de historias. No es la anécdota lo que falta, sino su carácter de certeza, de tranquilidad, su inocencia.

El amante” de Marguerite Duras 

El librito en cuestión que he leído apenas tiene 150 páginas. La edición que he manejado, la del Círculo de Lectores, reproduce fielmente la que la editorial Tusquets sacó en 1984, el mismo año que editions de Minuit la publicó en Francia. El texto viene precedido de una magnífica introducción de Rafael Conte, cualificado crítico literario que dejó, hasta el momento de su muerte en 2009, muestras de su sabiduría literaria en las colaboraciones, reseñas y artículos publicados en revistas y diarios españoles de importancia (ABC, El País, Informaciones, Papeles de  Iria Flavia, Cuenta y Razón....). 

En esa introducción, Conte cuenta la peripecia vital de la escritora nacida en la colonia francesa de Indochina (futuro Vietnam); este hecho condicionó toda su escritura, que en cierta manera es una vuelta constante a los años en que vivió allá. Fueron años muy intensos, personal y familiarmente, que pese a finalizar en 1933, cuando Marguerite retornó definitivamente a la metrópoli, siempre los recordaría y formarían parte de no pocas de sus obras literarias. "El amante" es, quizás, junto a su tercera novela, "Un dique contra el Pacífico",donde más referencias auténticas a su vida aparecen, el texto más autobiográfico de toda su Obra. En "El amante", a diferencia de en "Un dique contra el Pacífico", no estamos ya ante una novela perteneciente al 'nouveau roman'; aquí la anécdota si que tiene importancia y aunque, evidentemente, hay recursos técnicos que cabe adscribir al 'objetivismo' , más se debe hablar de asumido experimentalismo que de otra cosa. 

La novela se construye a base de secuencias de distinta longuitud que contienen reflexiones, pensamientos, evocaciones. Nacen las mismas de imágenes (fotografías) que la escritora, cincuenta años después de haber dejado Indochina, contempla. Estas fotografías hacen surgir en su mente los momentos, también los anteriores y posteriores, contenidos en esas imágenes.  Aunque hay un aparente, e intencionado, desorden constructivo, dada la rapidez con que se efectúa la lectura, toda la anécdota se yergue magnífica en nuestra cabeza.

La historia es simple: Una mujer entrada ya en la ancianidad evoca a través de la contemplación de unas imágenes la historia de amor vivida entre ella, una muchacha de sólo quince años, y un joven y rico comerciante chino de Cholen de unos treinta años de edad.

La atracción física que ambos experimentan en el caso de la chica está contaminada (quizás sea sólo un a modo de disculpa personal) de una cierta necesidad material. Su madre, directora de la escuela femenina de Sadec, se ha arruinado al emprender una empresa que tenía más de ensueño que otra cosa: sacar adelante unos arrozales en una zona pantanosa en la que había empeñado todo el caudal familiar. La empresa es inviable pues cada seis meses las tierras son devastadas al quedar anegadas por el Océano Pacífico. Este asunto es el que se presentaba más pormenorizadamente en "Un dique contra el Pacífico" de la que, como ya he dicho, "El amante" viene a ser una especie de continuación.

"El amante", prostitución, IndochinaAsí pues, la relación amorosa entre ambos nace ya algo viciada de origen por esto. Pero, además, ambos amantes son conscientes del poco futuro de la misma por varias razones. En primer lugar, ella es una menor y el hombre que la ha seducido -o al revés, porque la seducción es mutua- puede verse abocado a la cárcel acusado de perversión y corrupción de menores ("Nuestro amor podía llevarnos a la cárcel", reflexiona la autora desde la altura de sus años). En segundo lugar, y no menos importante, este amor entre una blanca y un chino, contraviene las normas raciales presentes en la Colonia. Tanto él, obligado por su padre a contraer matrimonio con una mujer china ya seleccionada, como ella, mujer blanca, francesa, de la metrópoli de donde es toda su familia, saben que su amor es imposible. Sólo les queda por ello entregarse al disfrute presente de su relación. Una relación que en el caso de ella, su familia "da por sentado que no le amo, que estoy con él por dinero, que no puedo amarle, que es imposible, que podría soportarlo todo de mí sin llegar a hartarse de ese amor. Eso ocurre porque es chino, porque no es blanco." (pág. 70). Por ello ella se ve a sí misma desde un primer  momento como "la putita blanca del puerto de Sadec" e intentará que su familia no se entere. No obstante su familia no hace ascos al dinero del chino de Cholen y tanto su madre como sus dos hermanos estrujan al rico comerciante todo lo que pueden. En el fondo ellos son corresponsables de la prostitución de la hija y hermana que tanto dicen lamentar.

Sin embargo ella no se considera tal cosa. Ella experimenta junto a su amante chino unos momentos intensos jamás conocidos. Ella se ha entregado a él movida, inexplicablemente, por esos interminables avisos de la madre contra el acto en el que inevitablemente, casi mágicamente, caerá como ya antes le ocurrió también a la madre. Una madre que lejos de apartar a la hija del mal que ella denunciaba la disculpa delante de las encargadas de su educación cuando no aparece por clase o llega tarde, o no llega, al pensionado donde reside durante el periodo escolar. La madre, en un ejercicio de perversa estulticia o de inexcusable miopía, dice a la directora del internado que la dejen libre ya que "estando libre trabajaba bien en el instituto y que lo que le había sucedido con sus hijos era tan terrible, tan grave, que los estudios de la pequeña eran la única esperanza que le quedaba" (pág. 96)

Ambos, el chino y la chica blanca, se aman con una pasión desbordada. Los momentos amorosos son descritos por la Duras con un vocabulario hermoso, poético, lleno de lirismo y portador de un erotismo subido, excelso, cierto. No estamos ante la presentación del mero mecanismo material de la relación sexual (pornografía) sino ante la entrega sincera de dos amantes transportados por su deseo y su realización fuera del mundo ruidoso y lleno de normas absurdas que les rodean:
"El ruido de la ciudad resulta tan próximo, tan cercano, que se oye su roce contra la madera de la persiana. Se oye como si atravesaran la habitación. Acaricio su cuerpo en ese ruido, en ese paso. El mar, la inmensidad que se recoge, se aleja, vuelve.Le había pedido que lo hiciera otra vez y otra. Que me lo hiciera. Lo había hecho. Y, en efecto, había sido hasta morir. Y ha sido para morirse." (pág. 60)
Si algo destaca por encima de cualquier otra consideración es la belleza del lenguaje utilizado. Al tratarse de una traducción el mérito cabe atribuirlo al responsable de la misma; responsabilidad que recae en una escritora en prosa y verso, Ana María Moix, cuya obra en castellano y catalán destaca por la poeticidad de sus textos. El lirismo que destila la prosa de la Duras en la versión española debe mucho a la segura fidelidad con que Ana María ha vertido al español el texto francés.

 Poeticidad absoluta. El lirismo, la poesía baña toda la prosa de Marguerite Duras. Lo mismo cuando describe un lugar:
"En las avenidas del patio las sombras de los manzanos caneleros son de tinta china. El jardín está totalmente petrificado en una inmovilidad de mármol. La casa, igual, monumental, fúnebre. Y mi hermano menor que caminaba a mi lado y que ahora mira con insistencia hacia el pórtico abierto a la avenida desierta" (p. 111)
 que cuando piensa en sexo. Tanto si es hetero como si su pensamiento deriva hacia el lésbico en esa duda propia de la adolescencia de la que la chica de 15 años está intentando salir, buscar su propia definición sexual. Es lo que le acaece respecto a su compañera de pensionado Helène L. Legonelle, bella chica de 17 años que le ocupa sus sueños en los que desea tocarla, matarla, compartirla con él:
"Mi deseo de Helène Legonelle me extenúa. Mi deseo me extenúa.Quiero llevarme a Helène Legonelle, allí donde cada tarde, con los ojos entrecerrados, me hago dar el placer que hace gritar" (pág. 100)
Tony Leung Ka Fai, Jane March, Jean-Jacques Annaud
El momento en que ella fantasea con Helène haciendo el amor con su amante chino me ha hecho recordar una de las observaciones realizadas por Gerald Foos, el Voyeur de la novela de Gay Talese, "El motel del voyeur" [leer reseña aquí], en la que un marido acude al motel junto a su esposa y un gigoló para verles hacer el amor. Hay una diferencia radical entre ambas 'observaciones': mientras el marido de Talese persigue un fin meramente práctico, vencer su impotencia, la narradora de "El amante" sólo desea, en prueba absoluta de su amor a Helène, compartir con ella lo más valioso que en ese momento tiene, el amante chino.

Estilo
Todo, -asunto principal y otros secundarios, aunque no intrascendentes, que cito en el punto siguiente-, es presentado en un ordenado desorden, en una especie de puzzle de secuencias que se van completando unas a otras en un avance y retroceso a partir de las fotografías que la anciana de setenta años tiene en sus manos. La escritora-narradora juega con las imágenes de momentos y de personas que, al explicar lo que ocurrió o anticipar lo por venir, sumergen al texto en un ambiente mágico, casi irreal, pero muy, muy verosímil, muy auténtico a pesar de ello. Las fotografías que contempla en desorden provocan en su mente el recuerdo del pasado (flash-back) al que acude con imágenes recordadas cual destellos rápidos y momentáneos.

Estas evocaciones de momentos, lugares, personas y situaciones las plasma en el escrito a través de magníficas enumeraciones parcas en adjetivos que conforman descripciones impresionistas bellísimas.
"Nunca más haré el viaje en el autocar destinado a los indígenas. En lo sucesivo tendré a mi disposición una limusina para ir al instituto y para devolverme al pensionado. Cenaré en los locales más elegantes de la ciudad. Y seguiré ahí, lamentándome de todo lo que haga, de todo lo que tome, tanto de lo bueno como lo malo, el autocar, el chófer del autocar con quien me reía, las viejas mascadoras de tabaco de betel en los asientos traseros, los niños en elportaequipaje, la familia de Sadec, el horror de la familia de Sadec, su silencio genial." (pág. 48)
El narrador juega unas veces al distanciamiento objetivista, externo, lejano al hecho, propio de quien está explicando unas viejas fotografías:
"Chino. Pertenece a esa minoría financiera de origen chino que posee toda la inmobiliaria popular de la colonia. Él es quioen aquel día cruzaba el Mekong en dirección a Saigón." (pág. 47).
y otras veces, de manera casi imperceptible la autora-narradora-de-70-años-de-edad utiliza la 1ª persona narrativa y se transforma mágicamente en esa niña de 15 años y medio que durante un año y medio vivió una tórrida historia de amor que se sabía no tenía más alcance que el presente mismo.

En una escritora que proviene del "nouveau roman" y que ha escrito más de un guión cinematográfico no sorprende que introduzca en la propia narración novelesca recursos propios del teatro usados por los guionistas de cine como son la manera de introducir a veces los parlamentos de los personajes, y también las acotaciones propias del género dramático:
"Esperó mucho tiempo antes de volver a hablarme, después lo hizo, con mucho amor: ¿sabes que se ha acabado, que nunca podrás casarte aquí, en la colonia? Me encojo de hombros, río. Digo: puedo cassarme en todas partes cuando quiera. Mi madre hace un gesto negativo. No. Dice: aquí todo se sabe, aquí ya no podrás. Me mira y dice cosas inolvidables: ¿les gustas? Respondo: eso es, les gusto a pesar de todo. Entonces, dice: les gustas también porque tú eres tú." (pág. 125)
La relación entre los dos amantes es presentada, a veces, de manera muy objetivista, muy distanciada. Creo que esto no sólo es un tributo al 'nouveau roman' sino además la manera característica de los orientales de mostrar el sentimiento afectivo.

En la vorágine de recuerdos y evocaciones que es esta novela se percibe la imbricación de unas narraciones dentro de otras si bien nunca abandonando la principal. Esta 'mise en abîme' (así se denomina a este procedimiento narrativo) se utiliza como aportación de ejemplos prácticos que sirven para explicar mejor lo que sucederá a la historia principal. Una clara muestra es la historia entre la Dama de Savannakhet que mantiene una relación con un hombre mientras su marido está lejos, destinado en Vinhlong. La historia no tiene futuro y acaba trágicamente.

Otros asuntos
Muchos otros asuntos de ese mundo exterior que ellos olvidan recluidos en su nido de amor se cuelan en la narración: 
  • El colonialismo. La enorme distancia a la que se encuentra la metrópoli y el escaso interés que muestra por la colonia ("Francia existía en los paquebotes de línea que unían la metrópoli con Saigón donde hacían una escala de ocho días", p. 144)
  • El racismo ya citado al hablar del amor imposible en la Colonia entre una mujer blanca y un hombre chino.
  • La vida parisina se hace patente en la novela cuando la escritora de 70 años tiene en sus manos fotografías de personas, normalmente mujeres ("El recuerdo de los hombres nunca surge con esa deslumbrante luminosidad que acompaña al de las mujeres", p. 90) que le hacen evocar la vida en París durante los años de la ocupación ("Colaboracionistas, los Fernández. Y yo, dos años después de la guerra, miembro del P.C.F. [...] También ella, Betty Fernández, contemplaba Parós, las plazas de catleyas en flor como esa otra mujer, Marie-Claude Carpenter. También tenían en común esos días de recepción", p. 94)
  • El alcoholismo. Fue la auténtica bicha de Marguerite Duras. Al poco de iniciada la novela leemos los siguiente: "Ahora comprendo que muy joven, a los dieciocho, a los quince años, tenía ese rostro premonitorio del que se me puso luego con el alcohol, a la mitad de mi vida. El alcohol suplió la función que no tuvo Dios, también tuvo la de matarme, la de matar. Ese rostro del alcohol llegó antes que el alcohol", p. 14). Hay que decir que "El amante" es la primera novela escrita una vez que salió de la dependencia alcohólica tras una dura cura de desintoxicación etílica.
  • El mundo familiar. Las fotografías que contempla le muestran en su mente imágenes familiares: Su hermano pequeño muerto tempranamente de bronconeumonía; la madre, recluída en un falso castillo Luis XIV en Loire-et-Cher, enloquecida casi de tanto cuidar al "hijo mayor que no sabe, él, ese niño de casi cincuenta años, ganar dinero" (p. 41). Cuando escribe esta narración los tres están muertos: "No sé si los quise. Los abandoné. Ya no oigo la risa, ni la risa ni los gritos. Se acabó, ya no lo recuerdo. Por eso ahora escribo tan fácilmente sobre ella, tan largo, tan tendido, se ha convertido en escritura corriente"
  • El deseo, por encima del amor. el deseo que empuja a hacer algo que cuando se realiza no deja del todo satisfecho, que se retroalimenta a sí mismo en forma de una cierta adicción.
  • El dinero y su poder omnímodo. Su tenencia o no está constantemente presente no sólo entre los propios protagonistas, sino también en la relación con la familia de ella. Entre tanto disfrute físico el dinero y la dualidad carencia-tenencia del mismo se presenta a modo de paréntesis.

La película
Películas eróticas, sexo, sensualidad, oriente
En 1991 Jean-Jacques Annaud firma la adaptación al cine de la novela de 1984. Uno de los grandes aciertos del filme es la elección de los actores. Tony Leung Ka Fai, entre impasible y nervioso al verse seducido, y Jane March, una combinación de sensualidad y frialdad impresionante, sabedora de su poder.


Quizás la diferencia con la novela estriba exclusivamente en lo que distingue específicamente estos dos formatos: la imagen y la palabra. Las descripciones cargadas de lirismo y poeticidad se convierten en la sala oscura en visualizaciones muy sensuales. Tanto el sofocante ambiente de Saigón en pleno verano como esos encuentros amorosos de la pareja están fuertemente cargados de erotismo. Yo diría que hay más carga erótica en el film que en la novela, sin carecer ésta de ella.

La escritora quedó muy descontenta de la adaptación fílmica realizada.

Final
No se me ocurre mejor manera de cerrar la reseña de tan hermosa novela que echar mano de las atinadas palabras que Rafael Conte deja en su magnífica introducción a esta joya de la narrativa francesa. Un clásico imprescindible.
"Se trata, en realidad, de la historia de un aprendizaje, de una fábula donde un personaje de mujer -de una mujer que empieza a serlo- recorre un camino iniciático, un sendero donde amor y pecado se confunden minuciosa y exasperadamente para acceder al estadio final de una femineidad profunda, completa y que desafía al mundo" (Rafael Conte, Introducción a "El amante", pág, XXI)

13 comentarios:

  1. Hola Juan Carlos! Vaya joyita literaria traes hoy, y digo literaria porque la película no me gustó tanto, en algunos momentos se me hizo tediosa.
    Me pareció uno de los libros más hermosos y completos que he leído nunca.

    Una gran reseña.
    Un beso.

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    1. A mi también la peli me pareció tediosa en ocasiones. Pero la novela le da mil vueltas.

      Gracias por tu comentario, amiga Yolanda. Un beso

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  2. Genial, reseña, hiciste que ese libro se convierta en un pendiente. Saludos

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    1. Hola, Zulma:

      Esta novela es tan bonita, está tan bien escrita, que disfrutarás mucho leyéndola.

      Saludos

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  3. Leí la novela y vi la película hace años. No es una historia que me dejara especialmente impresionada. De hecho, casi no recuerdo nada.
    Tu reseña es magnífica. Sacas a las novelas todo el jugo que se les puede sacar. Hasta me has hecho desear leer otra vez el libro.
    Un beso.

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    1. Tú ya sabes, Rosa, que una relectura, pasados unos añitos de la primera vez permite saborear la obra mucho mejor.

      Gracias por tus palabras. Un beso

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  4. Hola Juan carlos!
    No conocia el libro ni la autora, algo que comentaste en la reseña es que agradeces la traduccion porque no cambio la lirica del libro, y sinceramente me a pasado un par de veces que al leer un libro termino no entendiendo algunas cosas y se nota que es una mala traduccion asique es una maravilla que aqui no pase, yo nunca e leido una autora francesa de todas formas!
    Soy nueva en tu blog y ya te sigo!
    cariños!

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    1. Pues creo que esta breve novela puede ser una buena entrada en la literatura francesa.

      Muchas gracias por comentar y por seguir el blog. Pasaré por el tuyo también yo

      Saludos

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  5. Lo tengo en mis manos... para empezar a leerlo.
    Preciosa reseña
    Te agradezco de corazón.
    Un abrazo

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  6. Tengo muchas ganas de estrenarme con esta autora y en concreto con este libro y ni yo misma me explico porque aún no lo he hecho. Ahora que me lo recuerdas y, tras leer tu reseña, pienso que no tardaré mucho en hacerlo. Desconocía todo lo referente al 'nouveau roman', así que gracias por ilustrarme, pues siempre me gusta aprender algo nuevo. Por lo demás, una reseña completísima, como siempre. Es increíble como un libro tan corto puede condensar tantas cosas.
    Un abrazo

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  7. Otro clásico que tengo pendiente. Y además como es cortito habrá que darle prioridad, que después se pierden en la eterna lista de pendientes. Gracias por recomendarlo!
    Un beso ;)

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    1. Hola Natàlia:
      Mañana, Día del Libro, lo incluyo también entre mis recomendaciones para esa jornada.
      Es una delicia. Ya verás.
      Un beso

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