19 ene. 2017

Martín Scorsese - "Silencio"

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En 1635 se promulga en Japón el denominado "Edicto Sakoku" por el cual se instaura una política aislacionista en las islas niponas. Los puntos esenciales del edicto eran: los japoneses no podían abandonar Japón; el Cristianismo, que había prendido en algunas almas niponas desde los años 40 del siglo anterior por la predicación de Francisco Javier, queda terminantemente prohibido siendo todos sus practicantes severamente castigados en caso de persistir en su fe; y, por último, se restringe la actividad comercial de chinos y holandeses a enclaves muy determinados.

Martin Scorsese, "Silencio"En este ambiente de persecución religiosa, en 1637 dos jóvenes jesuitas portugueses -Sebastiao Rodrigues (Andrew Garfield) y Francisco Garrpe (Adam Driver)- deciden partir a Japón desde Macao para dar con el paradero del que fue su maestro y mentor, Cristovao Ferreira (Liam Neeson), del que nada han vuelto a saber desde las terribles persecuciones contra los cristianos desatadas tras la aplicación del edicto Sakoku. Antes de dar con él se topan con varias comunidades cristianas que están sufriendo los estragos desatados por el Inquisidor Inoue (Issei Ogata) que fuerza a los cristianos, especialmente a sus sacerdotes, a abjurar de sus creencias bajo el chantaje de que así podrán salvar su vida y la de los humildes seguidores de su fe. Plantea el film, pues, la duda terrible entre ser fiel a las creencias predicadas y no pisotear los símbolos de la Religión (imágenes de la Virgen, del Altísimo o de Jesucristo) aunque tal actitud conlleve el sufrimiento para los inocentes conversos, o bien, hacer declaración pública de apostasía de manera que los nuevos adeptos abandonen sus nuevas creencias.

¿Qué hacer en tal situación? Rezar, pedir ayuda a Dios, escuchar su voz..., es lo pertinente. Pero la respuesta es un terrible y sonoro silencio. El silencio de Dios. ¿Qué habría hecho el mismísimo Cristo si se hubiese encontrado durante sus años de predicador en tal tesitura? ¿Habría preferido morir aunque su muerte conllevase el castigo y persecución de sus seguidores o habría abjurado de sus creencias por amor a sus semejantes? Terrible duda y terrible elección.  Y Dios, ahí, siempre, en silencio.

Martin Scorsese, director y autor junto a Jay Cocks del guión, adapta la novela de Shusaku Endo, publicada en Japón en 1966 y que recibió ese año numerosos premios. Tanto la novela como el film centran el foco sobre el padre Rodrigues que, tras separarse de su compañero el padre Garrpe a quien verá morir junto a los conversos en defensa de su fe, alcanzará a ver al padre Ferreira que vive casado y dentro de la fe budista colaborando con las autoridades niponas en la detección de cristianos ocultos.

Soy admirador de la obra de Scorsese: "Malas calles" (1973), "Taxi Driver" (1976), "Jó, qué noche" (1985), "El color del dinero" (1986),  "Uno de los nuestros" (1990), "La edad de la inocencia" (1993), "Shutter Island" (2010), "El lobo de Wall Street" (2013), y tantas otras. No sé por qué pero en mi imaginario personal Martin Scorsese era el realizador de filmes que planteaban, sí, la lucha entre el bien y el mal, pero casi siempre en términos de actuaciones dentro de una sociedad cada vez más secularizada. Obviaba, como he venido a recordar gracias a la magnífica reseña de José Manuel Cruz en las páginas de MoonMagazine [leer su reseña aquí], otros títulos suyos como "La última tentación de Cristo" (1988) que sí la conocía, y "Kundun" (1997) de la que confieso mi total ignorancia. Al considerar estos antecedentes y ver ahora "Silencio" he caído en la cuenta de que las preocupaciones de Scorsese no eran superficiales sino que enraizan profundamente con una religiosidad en conflicto presente en su filmografía en la que, como afirma José Manuel Cruz, "late una honda preocupación moral donde los temas de la elección entre el bien y el mal, la culpa, la penitencia y la redención tienen un enorme peso específico".

Silence, Silencio, Novela japonesa de 1966, Cristianos Ocultos

Durante las algo más de dos horas y media que dura la película pugnaban por abrirse paso en mi cabeza algunos de los versos que Blas de Otero escribió en "Ancia" (1958) en los que junto a su fe muestra las dudas que la falta de respuestas le ocasionan, la desesperación a la que le aboca el silencio de Dios. Como Blas de Otero al final de su poemario, el padre Ferreira ha tomado  la determinación de cambiar de interlocutor, de mudar sus prioridades, y dirigirse a los hombres

PODEROSO SILENCIO

Oh, cállate, Señor, calla tu boca
cerrada, no me digas tu palabra
de silencio; oh Señor, tu voz se abra,
estalle como un mar, como una roca

gigante. Ay, tu silencio vuelve loca
el alma: ella ve el mar, mas nunca el abra
abierta; ve el cantil, y allí se labra
una espuma de fe que no toca.

¡Poderoso silenciol poderoso
silencio! Sube el mar hasta ya ahogarnos
en su terrible estruendo silencioso.

¡Poderoso silencio con quien lucho
a voz en grito: grita hasta arrancarnos
la lengua, mudo Dios al que yo escucho!
(Blas de Otero 'Angel fieramente humano')
CONMIGO VA

Cinco años
y una noche
anduve fuera
de mí.
Vuelvo
a mi ser,
doy
un paso atrás
(tres
adelante).
Anduve
viendo,
yendo
y viniendo.
Oh tierra
de todos.
Vuelvo
a mi sitio,
doy
un paso atrás
para ver
mejor.
Oh inmensa
soledad.
Sálvame.
Háblame, escúchame, oh inmensa
mayoría. 
(Blas de Otero 'Redoble de conciencia')

"Ancia", "San Manuel Bueno, mártir", Poetas existenciales de los años 40Otro escritor de nuestra órbita cultural que venía y se iba de mi pensamiento continuamente durante la proyección fue, naturalmente, Miguel de Unamuno, en especial, pero no sólo, por su novela breve "San Manuel Bueno, mártir". No hay otro intelectual español que se haya debatido tanto entre Razón y Fe, precisamente el asunto que se dirime en "Silencio". Esos pueblos convencidos de la santidad de sus pastores (Manuel Bueno, Ferreira, Rodrigues...) y los propios conductores, depositarios y transmisores de la Fe que dudan, que no saben a ciencia cierta si sus creencias hay que mantenerlas a machamartillo. De nuevo me asalta Blas de Otero con su brutal -¡y cierta!- y poética definición  de 

“Hombre” 

Luchando, cuerpo a cuerpo, con la muerte,
al borde del abismo, estoy clamando
a Dios. Y su silencio, retumbando, 
ahoga mi voz en el vacío inerte. 

Oh Dios. Si he de morir, quiero tenerte
despierto. Y, noche a noche, no sé cuando
oirás mi voz. Oh Dios. Estoy hablando
solo. Arañando sombras para verte. 

Alzo la mano, y tú me la cercenas. 
Abro los ojos: me los sajas vivos. 
Sed tengo, y sal se vuelven tus arenas.

Esto es ser hombre: horror a manos llenas. 
Ser – y no ser – eternos, fugitivos. 
¡Ángel con grandes alas de cadenas!

Para finalizar querría hacer una referencia a la música en una película que hace del silencio el centro de la misma. Una amiga me preguntó si me había dado cuenta de que no había música. ¿Cómo? Luego al leer la ficha de la película en los créditos vi que Kim Allen Kluge y Kathryn Kluge eran los responsables de la misma. ¿Hay música o no hay música? Sí que la hay, aunque no es la música a la que otros filmes de Scorsese ("Uno de los nuestros", , "Jó, qué noche"...) nos tienen acostumbrados. No es una música que se imponga y llene la escena sino todo lo contrario, es una música contenida que realza las escenas más espectaculares pero que enmudece y queda reducida al escueto sonido de una campana budista en otros momentos no menos solemnes como el del entierro del protagonista. No es, pues, la música típica de las películas de Scorsese, profundo conocedor de la misma y amante de la de los años 60, 70 y 80, cuyos temas ha dejado esparcidos por la mayoría de sus realizaciones (un magnífico ejemplo es la BSO de "El lobo de Wall Street"). También en este aspecto, "Silencio" es una película muy distinta de las anteriores del director italoamericano, pero al igual que la mayoría de éstas merecedora de la calificación de 10.



12 ene. 2017

"Nueva guía del Museo del Prado" (José Ovejero)

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Desconocía completamente esta faceta poética de José Ovejero más conocido como escritor de novelas y de cuentos; y también como colaborador en prensa. El escritor nació en 1958 y aunque actualmente vive en Madrid ha vivido muchos años en Bonn y Bruselas, ciudad esta última en la que trabajó como intérprete.


José Ovejero se planta delante de 22 cuadros y de dos o tres esculturas expuestas en el Museo del Prado y con un estilo ágil, ameno y próximo al lector poetiza las sensaciones, recuerdos y sentimientos que su contemplación le sugieren. Así, por ejemplo, en el cuadro de Tiziano "Adán y Eva" le conmueve, y lo agradece, el atrevimiento de Eva ofreciéndole la manzana a Adán ("Gracias, por liberarnos del insufrible / paraíso", le espeta a la primera mujer para sorpresa para el lector de poesía).  

Otras veces son dos versiones del mismo asunto las que reclaman su atención. Tal sucede con los cuadros titulados "Saturno devorando a un hijo" de Goya, uno y de Rubens el otro. Parece que le sugiere más cosas el de Rubens ante el que se plantea dónde está la madre ausente que tal atrocidad consiente mientras que el de Goya, más próximo a nuestra época, le lleva a preguntarle al padre devorador si no habría sido mejor no tener hijos ("¿No han llegado hasta el Olimpo / los métodos anticonceptivos?", comenta humorísticamente) y le echa en cara la falacia de pensar que por no tener descendencia nunca morirá ("Te crees inmortal porque devoras a tus hijos, / como si no ser sucedido / significara permanecer para siempre").

Ovejero es muy sensible a la sensualidad y al erotismo presente en algunas de las piezas escogidas. Así me ha llamado sobre manera la  sinceridad que derrocha el poeta adulto cuando ante la "Venus del espejo" de Diego Velázquez  confiesa el conocimiento y entendimiento habidos desde hace tiempo entre él y ella ("conozco desde niño tu espalda desnuda / y, mira, somos adultos, ahora puedo decírtelo, / me masturbaba con tu imagen sobre los muslos"). Del mismo modo llama mi atención el poema que le dedica a la escultura "Hermafrodito" de Matteo Bonucelli: "¿Será eso el amor? / Querer fundirse, estar dentro, / sentir lo que siente el otro / y detenerse, justo antes de alcanzarlo, / percibir los límites, lo que separa / y define, / para que no cese / nunca / el deseo". Este poema, al igual que otros también de asunto mitológico ( "El juicio de Paris" de Rubens, "Orfeo y los animales" de Theodoor van Synders, etc.) dan una excelente oportunidad al lector de comprender mejor la pintura al explicar la leyenda mítica en él contenida. Al igual 

Con muchísima frecuencia quiere, cual si de Rafael Alberti se tratara, dar vida a los personajes de estos cuadros y con calculado anacronismo los trae al mundo de hoy proponiéndoles acciones imposibles y por ello, quizás, aún más poéticas: "Eh, Venus, vístete que ya atardece / y Madrid ruge de ganas / de recibirte en sus calles. Cogido de esa cintura / que no conoce el PhotoShop, / te enseñaré esta ciudad que has olvidado".  Ante el cuadro de Andrea Mantegna "El tránsito de la Virgen" Ovejero escribe "hoy el casting de virgen / no se haría con ignorantes aldeanas / sino con modelos o actrices, mujeres / con los dientes parejos / y los pechos operados".

Museo del Prado, José Ovejero

Sin duda alguna el tiempo, la finitud de la vida, esa condena imposible de quebrantar, es el asunto que transita por la mayoría de los poemas, y por lo tanto también, de los cuadros que los inspiran. Quizás sea la plasmación plástica del instante contenido en un cuadro el mayor intento de quebrar esta esclavitud propia de nuestra condición de humanos. En este sentido me ha gustado mucho el poema "Los bodegones del Prado y una fotografía del escritor con su mujer" en el que Ovejero pone en relación los elementos de un bodegón (aves, pescados, verduras, frutas, legumbres...) con los rostros de las personas que aparecen en una fotografía. En ambos casos se ha congelado el tiempo en un eterno presente:
"Por eso el bodegón, / porque se pudren / el pescado y la fruta / el vino se agría, y la ostra apesta / a los pocos días. Lo queremos así / fijado en un lienzo, para que el brillo del óleo / conserve su frescura / igual que nos fotografiamos / junto a ese hombre o esa mujer / con quién en tal instante somos felices / sabiendo que un día alguien / tomará la foto entre sus manos / y nosotros, / enamorados, / y nosotros / quizá de color sepia, / quizá en blanco y negro, / quizá en color, / quizá ya muertos, / sonreímos en presente". 
Final
Una poesía ciertamente interesante la que partiendo del mundo objetivo -los cuadros y esculturas del Museo del Prado- realiza José Ovejero en este libro aparecido en 2012 y que en su producción poética ocupa el tercer lugar detrás de Biografía del explorador (1994) y de El estado de la nación (2002).  

7 ene. 2017

Carmelo Gómez es "El alcalde de Zalamea"

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Una breve entrada sólo para recordar a aquellos que como yo se perdieran la representación en su día de "El alcalde de Zalamea" en el Teatro de la Comedia de Madrid, que pueden verla hasta el próximo 29 de enero en el mismo teatro y por los mismos intérpretes.


Yo, que la vi la víspera de Reyes, la recibí como un auténtico regalo. El mejor texto de comedia de Calderón puesto en pie magistralmente por mi paisana Helena Pimenta y soportado de increíble manera por un elenco actoral de primera, cuyos integrantes están todos a un altísimo nivel. 

Sin duda de entre todos ellos destaca Carmelo Gómez que compone un Pedro Crespo muy creíble: humilde pero digno, respetuoso pero defensor de su parcela individual, sencillo pero orgulloso... Su voz, sus gestos, su movimiento...,  llenan la escena por sí mismos. Pero si a él unimos a Joaquín Notario en el papel de don Lope de Figeroa la pareja desarrolla en escena un noble y agradable duelo dialéctico en el que cada uno defiende la parcela que le corresponde sin menoscabar ni invadir la contraria. ¡Fantásticos ambos!

Luego vienen las mujeres: Nuria Gallardo en el papel de la bella Isabel que es capaz de pedir la muerte por haber sido causa de la pérdida del honor de su familia al haber sido deshonrada con fuerza por el capitán Don Álvaro de Ataide (Jesús Noguero); Inés (Alba Enríquez), la prima y compañera de Isabel; y Chispa (Clara Sanchis), sobre todo Chispa, mujer que acompaña a los soldados del tercio y que está con Rebolledo (David Lorente) pícaro aprovechado que llegará a pedir la muerte de Pedro Crespo si eso le evita la suya. 

También la pareja que cumple la función que en Lope sería la figura del donaire formada aquí por Don Mendo (Francesco Carril) enamorado desesperanzado de Isabel y reverso moral de Pedro Crespo pues su hidalguía es comprada y no de sangre, y su criado Nuño (Álvaro de Juan) que se lamenta siempre del hambre terrible que la pobreza de solemnidad que padece el hidalgo al que sirve le hace pasar. Y, por último la dignidad que representa Juan (Rafa Castejón), hermano de Inés y que representa el progreso de la familia de Pedro Crespo al salir del pueblo para servir a don Lope de Figueroa en el ejército que va camino de Portugal. Formar parte del ejército y distinguirse en el campo de batalla era el primer paso para poder ascender en la escala social y entrar a formar parte o al menos acercarse al estamento de la aristocracia.

La música es un elemento importante en los montajes de Helena Pimenta. Es una música barroca tocada en directo al son de la vihuela y de la percusión que acompañan la voz de Rita Barber que canta jácaras, follías y otros temas populares. Es la música y la canción la encargada de marcar el choque entre el poder militar (los soldados, el capitán violador, Chispa y Rebolledo...) y el poder civil (Pedro Crespo y la justicia que representa). Una voz y unas melodías preciosas.

El decorado es sólo un muro al fondo de la escena que sirve para marcar el afuera y el adentro de los espacios que varían en función del momento argumental: la casa de Pedro Crespo por dentro, la calle que linda con la casa del alcalde, y así. 

En fin, no digo más. Sólo volver a recomendar a todos la representación: Un magnífico Calderón pasado por la visión de una excelente directora (Helena Pimenta) que queda plasmado en unos actores excelentes de entre los que Carmelo Gómez destaca sobre los demás sin que ninguno de ellos desmerezca en nada. 
¡¡Hasta el 29 de este mes en cartel!!

2 ene. 2017

John Banville: "El mar"

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Con frecuencia sucede -a mí, al menos, me ocurre en ocasiones- que una novela, una película o una canción vista, escuchada o leída por primera vez deja un sabor agridulce que no se sabe hacia donde derivará, bueno o malo. Esto me pasa especialmente con aquellas obras que se salen del carril, que no siguen las pautas que, establecidas o no, ya mi cabeza tiene asumidas y cuyo discurrir parece como que ya lo anticipase. Las obras innovadoras suelen romper los estrechos márgenes en los que uno estaba confortablemente instalado.

Tras el lógico desasosiego inicial, al remansarse en la cabeza lo leído, visto u oído, el contenido y la forma de aquello comienza a crecer, a adquirir volumen, a ocupar todo el espacio llegando hasta los rincones más escondidos de manera que el disfrute estético te invade completamente, deshaciendo esos 'peros' que durante el proceso de recepción hubieran surgido en tu interior. Entonces, definitivamente, los matices ocultos se revelan como nunca y comprendes que acabas de degustar algo nuevo, interesante, desasosegante por único y que, por ello, eres/soy afortunado. Este es el proceso sucedido en mí tras la lectura de "El mar" de John Banville.

El autor
[Ilustración de Alba Marina Rivera en;el
suplemento 'La Buena Vida';(nº 3 octubre
2008) de la;revista Tiempo]
Nace en Wexford (Irlanda) en 1945 en el seno de una familia católica practicante. Entre las anécdotas vitales que le marcaron está la de que en vez de ingresar en la universidad prefirió ponerse a trabajar y  lo hizo en la compañía aérea Aer Lingus, que le permitía viajar por el mundo. Se arrepintió, ya en su edad madura, de esta decisión pero la justificó por el deseo que tenía de salir del seno familiar, de ser libre e independiente.
Vivió dos años (1968 y 1969) en Estados Unidos: En 1970 vuelve a Irlanda trabajando como periodista en el diario The Irish Press. Cuando este periódico desapareció en 1995, pasó al The Irish Times. Actualmente es colaborador habitual de The New York Review of Books.

Ha publicado libros desde el año 1970. En narrativa tiene dos líneas: Una propiamente creativa y muy personal que firma con su propio nombre; y otra que comenzó como divertimento en 2006, tras la obtención en 2005 del Premio Booker precisamente por  "El mar", la novela que acabo de leer. Su segunda línea creativa se sitúa dentro del género de la novela negra; hasta ahora ocho son las novelas de esta tendencia narrativa que ha hecho y que firma con el seudónimo de Benjamin Black. De la última de ellas, "La rubia de ojos negros", tengo hecha reseña en este blog [leerla aquí].

Por esta doble dirección en su narrativa es preguntado con frecuencia. Siempre responde que para él la principal, y en la que se siente verdadero novelista, es la que firma como John Banville, pero sin despreciar nada su faceta de novelista noir:
  "El arte es una cosa extraña. Bajo el sombrero de Banville puedo escribir 200 palabras al día. Un día decidí que podía convertirme en otro y bajo ese segundo sombrero, en esa segunda piel, puedo irme a comer tras haber escrito un millar de palabras, tal vez 2.000, y disfrutar con ello. Es increíble descubrir cómo otro tipo puede vivir tu vida y usar tus manos y deleitarse con eso. Escribir es un trabajo peculiar... Escribir es como respirar. Lo hago por necesidad. Por mi propia boca, y ahora también por la de Black" (wikipedia)
He comprobado por mí mismo que en verdad Banville y Black parecen individualidades diferentes. Leer a Benjamin Black es sencillo pues lo que hace en sus relatos es utilizar las claves narrativas de los grandes autores clásicos del género (Raymond Chandler, Conan Doyle, Agatha Christie...) sin introducir innovación alguna. El resultado novelístico en esta su segunda trayectoria nbarrativa es como digo en la reseña de la única novela firmada por Black  que le he leído es simplemente "correcto", sin más. Sin embargo la lectura de esta mi primera incursión en una novela de John Banville he de decir que no es algo sencillo por ser bastante distinto a casi todo lo que he leído. Banville exige atención, detenimiento; Banville no circula por raíles ya explorados por otros como le sucede a su heterónimo Benjamin Black.

La novela "El mar"
"Algo se había estropeado, un coche, no, una bicicleta, pues aunque tenía la edad que tengo ahora, también era un muchacho, un muchacho grande y torpe, sí, de camino a casa, debía de ir a casa, o a algún lugar que alguna vez hubiera sido mi casa, y que volvería a reconocer en cuanto llegara allí."
El protagonista Max acaba de enviudar de Anna. En su pérdida de referentes decide buscar algún asidero. Lo encuentra en la localidad de veraneo frente al mar a la que siendo niño acudía con sus padres. Allá decide regresar en busca de un pasado imposible.

Magistralmente el narrador protagonista va entreverando la situación de duelo personal en la que está inmerso  tras la muerte de la que fue su Amor con el descubrimiento de éste cuando apenas si era un adolescente. La familia de los Grace centra toda la atención de un jovencísimo Max que primero se siente enamorado de la madre de los gemelos Chloe y Myles para luego tener sus primeros escarceos eróticos en forma de besos y caricias con Chloe que, aunque de la misma edad que él, parece vivir en otra dimensión en todos los aspectos.

Del despertar de la ilusión por el nacimiento de los primeros latidos del sentimiento amoroso a su declive, no por su destrucción sino por el acabamiento de la/s persona/s objeto del mismo transita Max en esta novela. En concreto hasta la desaparición de la/s persona/s en las que había fijado su atracción, sobre todo, en Anna quien tras la visita al especialista doctor Todd se sabe condenada a muerte por la dolencia incurable que padece:
"Era algo que no debía haberle ocurrido, que no debería habernos ocurrido. Nosotros no éramos de ésos. La desdicha, la enfermedad, la muerte prematura, esas cosas les pasan a la buena gente, a los humildes, a la sal de la tierra, no a Anna, ni a mí."
 Al haber pasado por la experiencia de la partida definitiva del ser más querido, el narrador de manera concluyente piensa que "A lo mejor todo lo que nos ocurre en la vida no es más que una larga preparación para abandonarla.". Ya con exageración barroca nuestro Quevedo decía eso de 'En el hoy y mañana y ayer junto pañales y mortaja'; exactamente lo mismo que viene a concluir el protagonista de "El mar", la novela que Banville publicó en 2005 ganando el premio Booker de ese año con el que se premiaba no sólo a la novela sino también la trayectoria del escritor.


 "El mar", una novela excelente

➤ Por las variadísimas referencias culturales que contiene: musicales, pictóricas, propiamente literarias...
  • De todas ellas quizás sean las referidas a la pintura las más importantes. En especial en "El mar" existe una constante alusión a las pinturas de Pierre Bonnard, pintor francés nacido a finales del s. XIX cuya trayectoria pictórica se fue decantando hacia el naturalismo y el simbolismo movido por su interés por la magia y las ciencias ocultas. Max, nuestro narrador, se viene a comparar con el artista francés en muchos momentos. Uno de ellos cuando confiesa la falta de certezas que la memoria y el recuerdo imponen:
John Balville, "El mar", Premio Booker 2005
"En esos últimos cuadros que Bonnard pintó en el cuarto de baño, en los que retrató a la septuagenaria Marthe, nos la muestra como la adolescente que él creía que era cuando la conoció. ¿Por qué me exijo a mí más veracidad en mi visión que a un gran y trágico artista?"
  • Si el personaje de Max se busca a través de la pintura, a la srta. Vavasour, otro de los personajes, dado el exacerbado romanticismo de esta mujer, el mismo Max la define a través de la música:
"La señorita Vavasour está tocando el piano.Toca Chopin muy bien. Espero que no empiece con John Field, eso no podría soportarlo. Al principio intenté que se interesara por Fauré, sobre todo los últimos nocturnos, que admiro enormemente."
  • Pero sin lugar a dudas es la literatura, en forma de alusiones intertextuales y extratextuales, lo que más abunda en esta magnífica novela: 
Referencias a escritores: La primera y principal, implícita ya en el propio título, me lleva a Jorge Manrique y a ese 'la mar que es el morir'. Pero hay otras llamadas a autores importantes como cuando se refiere a los que él denomina "profesionales" de la escritura, contraponiéndolos a los 'creadores' y a los 'diletantes' (aficionados)
"Estamos libres, fatalmente libres, de lo que podría denominarse la maldición de la perpetuación. Acabamos las cosas, mientras que para el creador de verdad, como el poeta Valéry, creo que fue él, afirmó, la obra nunca se acaba, sino que se abandona." (p. 24)
Menciones literarias hechas de manera poco frecuente: "El Bardo de Hartford" (Mark Twain), la "Alicia de Tenniel": la Alicia de Lewis Carroll vista a través de las ilustraciones del artista inglés del XIX John Tenniel...

Por contener el más propio estilo Banville

En alguna de las muchísimas entrevistas que se le hicieron al autor irlandés con motivo de haberle sido concedido el premio Princesa de Asturias 2014 creo que dijo algo así como que siempre tenía sobre su mesa de trabajo dos novelas: un Banville, que le llevaba su tiempo, y un Black que utilizaba como divertimento. De este comentario vengo yo a concluir que el propio escritor se sabe poseedor de un estilo característico. Un estilo del que creo haber vislumbrado alguna característica y que por su individualidad hace que el primer Banville que uno lee, como ha sido mi caso, represente mayor dificultad, pienso yo, que los siguientes.
➛ Un narrador que describe de manera minuciosa con detallismo impresionista buscando captar la sensación en los detalles:
"las melodías llegaban hasta mí, un lejano estruendo de metales que la brisa me traía desde las salas de baile del Hotel Playa o el Golf, y pensaba en las parejas, las chicas permanentadas vestidas de azul caramelo y verde limón, los jóvenes con tupé vestidos con gruesas americanas y zapatos de suelas mullidas y de dos centímetros de grosor, dando vueltas en la cálida y polvorienta penumbra." (p. 107)
Una manera de escribir que en ocasiones linda con la creación poética:
"El neblinoso aire gris de la tarde tenía un tacto a ceniza húmeda. Nos veo dando la vuelta y alejándonos hacia las dunas que conducen a la calle de la Estación." (p.  90)
"Chloe, su crueldad. La playa. Nadar a medianoche. Su sandalia perdida, aquella noche en la puerta de la sala de baile, el zapato de Cenicienta. Todo ha desaparecido. Todo se ha perdido. Tanto da. Cansado, cansado y borracho. Tanto da." (p. 122)
➛ Un vocabulario deliberadamente literario: 'apóstrofe apotropaico', 'vernal' ("un nombre tan delicadamente vernal"), etc.
➛ El propio John Banville se confunde con la figura de Max, el narrador, difuminándose las fronteras, sin saberse a ciencia cierta donde acaba uno y empieza el otro. Así, por ejemplo, lo vemos reflexionando sobre su propio proceso de escritura a través de esas directas llamadas a los lectores:
"Permitidme que me quede un rato a su lado, antes de que aparezca Rose, y Myles y Chloe regresen de donde están"
"Pero esperad, algo no funciona. Éste no puede haber sido el día del beso. Cuando salimos del cine era ya al ocaso, había llovido, y ahora es media tarde,"
"Venganza", "Muerte en verano", "Antigua luz". "El mar", "La guitarra azul"
➛ Este confusionismo deliberado, esta posible doble interpretación, es recurso empleado en otros muchos momentos del relato como cuando se reflexiona sobre la propia condición humana:
  • la rebelión rabiosa e improductiva ante lo que no tiene remedio:"Puta, maldita puta, cómo has podido dejarme así, revolcándome en mi propia inmundicia, sin nadie que me salve de mí mismo. Cómo has podido.". Al leer esta imprecación dudamos de si la bronca se la está echando Max a la Muerte o a Anna, su propia mujer, por haberle dejado desvalido.
  • Aunque quizás la más profunda reflexión que aparece en esta novela y que en cierto modo es motivo conductor de la misma se refiere a la indiferencia con que el mundo recibe y asimila lo que tanto perturba a cada uno de nosotros. Así ante la muerte, ante la desaparición de algún ser querido el mundo reacciona como si no hubiera pasado nada: "Y de hecho no había pasado nada, una memorable nada, tan sólo otro de esos grandes encogimientos de hombros con que el mundo manifiesta su indiferencia." (p. 175)
La envoltura del humor. A pesar del profundo tema de la novela: el duelo, la asunción de la pena a través de la memoria..., Banville esparce por el relato con sabia dosificación las gotas de humor necesarias para sobrellevar cualquier asunto por terrible que éste sea:
"La gente se va, desaparece. Este es el mayor misterio; el más grande. Yo también podría irme, oh sí, podría irme sin avisar y sería como si nunca hubiese existido, sólo que el prolongado hábito de vivir me predispone contra la muerte, como ha dicho el doctor Browne" (p. 92)
"Tampoco es que me preocupara especialmente el origen del dinero de Anna [...] ¿Qué es el dinero, después de todo? Casi nada, cuando uno tiene suficiente. (p. 137)
"Bollo vive en la ciudad, en un piso situado sobre una tienda, en circunstancias que, me había hecho saber con firmeza, están muy por debajo de su nivel social, pues es hija de la pequeña nobleza y en su apellido lleva un guión." (p. 135)

Final
Una novela con cierta exigencia, que se degusta más según pasan las horas y lo leído se va decantando de manera lenta pero segura. Una novela en la que como se ve en la reseña se pueden destacar muchas cosas. Yo por quedarme con una que me haya llegado especialmente tomo aquella que viene a manifestar con incredulidad infantil la fastidiosa constatación de nuestra finitud vista a través de la perpetuación de las creaciones humanas frente a la vida de sus artífices. Esta idea es en cierta manera el marco de toda la novela:

"Sí, las cosas perduran, mientras la vida pasa." (p. 6)


30 dic. 2016

Los mejores títulos del Año que se va

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Al acabar el año y volver la vista atrás, a las lecturas que he hecho, a las películas que he visto y a las representaciones teatrales a las que he acudido, llega el momento de establecer mi ránking particular en cada una de estas tres categorías (lecturas, películas y obras de teatro). Comencemos.

Lecturas
Quizás sea la clasificación más difícil de hacer al ser donde compiten un mayor número de candidatos; es por ello que aquí es más comprometido destacar unos libros sobre otros. Por esta razón distinguiré varios grupos:

Patria, Limónov, Irene, Sarna con gusto
Yasunari Kawabata, Piedad Bonnett, Lucia berlin, Alice Munro, Luis Alberto de Cuenca

Películas
"Historia de una pasión" de Terence Davis, "Paterson" de Jim Jarmusch y "Tarde para la ira" de Raúl Arévalo.                    
Raúl Arévalo, Emily Dickinson, Jim Jarmusch, Numancia, Hermanos Karamazov, Carlos Hipólito

Obras de Teatro     ⬈⬈⬈⬈
"Numancia" de Cervantes dirigida por Ernesto Caballero, "Los hermanos Karamazov" de Dostoievski dirigida por Gerardo Vera y "La mentira" de  Florian Zeller dirigida  por Claudio Tolcachir,

Quedan fuera un número grande de magníficas lecturas, películas y obras de teatro. Cualquier selección es simplificadora, pero cuando se hace ya se sabe el riesgo que se corre. 

De los catorce títulos seleccionados sólo hay dos sin reseñar. En los doce restantes, pinchando en el título, se puede acceder a la entrada realizada en el blog.

Ojalá que el próximo año las novelas, películas y obras de teatro a las que asista, lea, y/o vea sean, al menos, de la calidad que han tenido las que he visto, asistido y/o leído este 2016 que termina. Os deseo lo mismo a todos vosotros.


🎶🎼¡¡Feliz Año 2017 para todos!!🎼🎶

28 dic. 2016

"Paterson" de Jim Jarmusch: Poética de lo cotidiano

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Paterson, Jim Jarmusch, Adam DriverA mí personalmente la película "Paterson" me ha encantado y me ha parecido de una gran calidad. Presenta el film de manera sencilla el universo de la creación artística (en este caso poética) personificada en un humilde conductor de autobuses urbanos de la municipalidad de Paterson (New Jersey) a escasa distancia de Nueva York. Esta ciudad de Paterson, sede del Condado de Passaic, es la tercera más poblada del estado de Nueva Jersey, por detrás de Newark y de Jersey City. Entre sus atractivos naturales están las cataratas del río Passaic que es motivo reiterado en la película de Jim Jarmusch. A sentarse en alguno de los bancos del mirador que hay para disfrutar de la vista de estas cataratas acude con frecuencia Paterson (Adam Driver), protagonista de la cinta. Frente a este prodigio natural se tranquiliza y en ocasiones repentiza versos que luego irá repitiendo y combinándolos con otros hasta dar forma a un poema que escribe en su 'libreta secreta', que es como él y su mujer Laura (Golshifteh Farahani) llaman al cuaderno que contiene las poesías que Paterson hace a aquello que le sucede y/o le rodea: una caja de cerillas, las cataratas, la ruta del autobús que todos los días de la semana conduce, el amor que siente hacia su mujer Laura...

La pareja Laura / Paterson se complementa a la perfección. Él es un hombre tranquilo cuya rutina diaria (levantarse a las 6:15 de la mañana, la conducción del bus, escuchar las conversaciones de los pasajeros, pasear al perro que tanto ama Laura y que él algo detesta, su visita diaria al bar de Doc [Barry Shabaka Henley] para tomarse una cervecita...) le llena suficientemente y le provisiona de temas poéticos. Por su parte Laura es siempre cambiante. Cada día le surge un nuevo sueño, un proyecto diferente e inspirador (vender cakes en el mercadillo de los sábados, aprender a tocar esa guitarra que venden por internet...). Paterson ama a Laura y ella le ama a él. Él apoya sus nuevas ambiciones; ella ensalza su don para la poesía.  

➼ La película contempla silenciosamente las vidas diarias de los personajes. Es la poesía que surge de los más pequeños detalles, que toca aspectos corrientes, vulgares, la que da pleno sentido a sus vidas. Es la gratuidad creadora, concluímos tras ver el film, lo que permite soportar la vulgar cotidianidad materialista. Por su parte, el director del film, a través de la poesía visual consigue transmitir lo mismo que su personaje: llegar al corazón del pueblo, la ciudad e incluso el país que habita. Desde luego a mí me ha emocionado

➼ En el film hay una pretendida llamada a lo gemelar, a los parecidos, que en su semejanza -pero también en sus diferencias- se complementan plenamente. Lo vemos en la pareja de protagonistas, que sueña con tener gemelos, e igualmente se ve gráficamente en muchos otros momentos pues Jim Jarmusch no hace más que mostrar parejas de gemelos de todas las edades y de ambos sexos que miran a Paterson igual que éste los mira a ellos. La idea de identidad llena todo el film:
    Golshifteh Farahani, Barry Shabaka Henley, Paterson film
  • El mismo nombre del personaje coincidente con el de la población donde vive, trabaja y que incluye en sus creaciones poéticas.
  • La atracción que siente el personaje por el poeta William Carlos William (1883 - 1963) a quien en el fondo emula con el tipo de poesía que realiza. WCW nace en una pequeña ciudad contigua a Paterson, compone un libro de poemas con ese nombre, escribe poesía aunque su principal dedicación profesional sea otra, y al igual que el personaje que con tanto acierto realiza Adam Driver cree que la realidad objetiva despierta la imaginación de quien la percibe, y no al revés. William, que quería apartarse de la poesía victoriana que se practicaba en su época juvenil, utiliza el verso libre y es la propia disposición visual de los versos la que marca la estructura poética. Y lo mismo hace Paterson.
  • Paterson ciudad y la Poesía, pues no en balde poetas importantes como el ya nombrado WCW o Allen Ginsberg (1926- 1997) se consideran naturales de esta localidad.
  • La Poesía escrita en el agua de la que habla Paterson y la propia agua de las cataratas de la ciudad que inspira a tantos poetas, entre ellos al propio Paterson.
  • La consideración de Poeta. Paterson, cuando le interrogan sobre ello, siempre niega su condición de poeta y se define sólo como conductor de autobús. Pero son los otros (una niña, un turista japonés, su propia esposa...) quienes certifican su condición de poeta por la semejanza con la de ellos (la niña o el turista) o su disimilitud en el caso de Laura, su esposa.
➼ En el film se valora al ser humano por encima de cualquier otra cosa. A pesar de vivir en la época de la hiperconexión a través de internet y de los smartphones, la autenticidad aflora en los asiduos al bar de Doc que hablan, se relacionan, juegan, discuten, se ríen... siempre en vivo y en directo. El mismo Paterson no posee teléfono móvil y sus creaciones poéticas las escribe a mano en una libreta. Es todo lo contrario que Laura y, quizás, por ello se aman infinitamente.
También la valoración del hombre por encima de cualquier otra cosa se patentiza en ese muro del bar de Doc donde aparecen fotos de personas importantes naturales de Paterson y/o noticias de periódico referidas a ellos. Se ponen en valor los nombres de personas como Lou Costello, actor; John Pizzarelli, guitarrista de jazz;  Rubin Carter, boxeador;  Allen Ginsberg, poeta; y otros tantos más.

➼ Una película visualmente muy innovadora. La creación del poema la percibimos también de modo gemelar: oralmente en voz del personaje y por escrito en el texto superpuesto a la imagen que aparece, desaparece, crece, decrece,se ordena, etc., según Paterson va dándole forma definitiva.


Reflexión final
"Paterson" se estrenó en España el pasado día 7 de diciembre de 2016. Aún no ha finalizado el mes y ya es difícil encontrar salas -al menos en ciudades medianas o pequeñas- donde aún esté en exhibición. ¿Por qué? ¿Cómo es esto posible? En fin, vayamos por partes.
A la primera cuestión contestaré con una anécdota. Cuando estaba comprando las entradas en mi ciudad castellanoleonesa para verla en la única sesión en que se proyectaba, una señora que yo no conocía en absoluto se me acercó y me dijo sin yo haberla invitado a entablar conversación alguna: "¡Es una mierda!". ¿Cómo?, me dije, pero... Sí, eso me dijo una integrante de la gente, alguien que quería evitarme pasar un "mal trago"; alguien que, según ella, quería hacerme un favor. Yo, afortunadamente, me atrincheré en mi castillo de marfil interior y dije para mis adentros 'no está hecha la miel para la boca del asno'. Sí, sí..., ya sé que este pensamiento no es políticamente correcto y que revela o puede revelar un elitismo que no es de recibo expresado en voz alta. Pero diré en mi defensa, que sólo lo pensé. Bueno..., conclusión: A mucha gente este tipo de films innovadores y creativos no le agradan en absoluto.
A lo segundo -¿Cómo es esto posible?- la respuesta es evidente: es Navidad, las películas que hacen taquilla son las infantiles ("Animales fantásticos y dónde encontrarlos", "Vaiana", "¡Canta!", "Trolls", etc.) y también las grandes superproducciones tipo Stars War ("Rogue One: Una historia de Star Wars"), por lo que delicatesen como la dirigida por Jim Jarmusch aunque elevan la consideración de las salas que las acogen a cambio, parece, no reciben la recaudación adecuada que permita mantenerlas abiertas. Es la contradicción eterna del mundo del espectáculo. Y el Cine forma parte de él. 

26 dic. 2016

Graham Greene: "El americano impasible"

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Vi la última adaptación cinematográfica de la novela de Graham Greene hace ya la friolera de 13 años. Pese a ello su recuerdo -esa imagen de Michael Caine observando, sentado a una mesa del Café El Pavillon, un brutal atentado con explosivos- no se ha borrado en todos estos años de mi cabeza. Tenía una cita pendiente con el autor de la novela en que se basaba Phillip Noyce, el director de la cinta; debía una visita a Graham Greene.

Thriller, Graham Greene, 1955, RBA editoresLa lectura de la novela publicada en 1955 por el escritor británico me parece que, desgraciadamente, es de una actualidad increíble. Los atentados contra inocentes, que todos los días copan las noticias de los informativos de prensa y radiotelevisión, utilizados como instrumento bélico por la causa que sea, se denuncian en este relato.

Michael Caine es en el film de Philip Noyce quien da vida al periodista inglés Thomas Fowler que siempre ha presumido de mantener, como buen reportero de guerra que es, la neutralidad que se les supone a estos profesionales. Sin embargo, los acontecimientos vividos por él en Indochina durante los dos últimos años, le llevarán a tomar partido. Y es que ante el asesinato de inocentes es imposible e inaceptable querer estar fuera, no implicarse.

La historia que narra Fowler transcurre en 1952 en la Indochina Francesa (Camboya, Laos, Vietnam del Norte y Vietnam del Sur). Allí el Viet Minh de Ho Chi Min lleva luchando contra Francia, potencia colonizadora, desde 1945. Cuando parece que Francia tiene ya todas las de perder [la salida de los franceses sucede en 1955] los norteamericanos comienzan a intervenir más y más en la zona. Al principio lo harán de manera disimulada a través de la ayuda económica y médica. Así Alden Pyle (Brendan Fraser en el film de Noyce), coprotagonista de la novela, aparece en Saigón dentro de una legación norteamericana que viene a combatir el tracoma, aunque pronto se verá que sus actividades, amistades y desplazamientos por la zona poco tienen que ver con este problema oftalmológico. Junto a la actitud de Pyle, Fowler observará que cada día al puerto de Saigón llegan más cargueros con aviones de guerra estadounidenses. 

En esta fase de inicio de cambio de potencia (los EE UU iniciarían la intervención directa en el conflicto vietnamita a partir de 1955) estos dos hombres se enfrentarán dialécticamente por su idea sobre el papel de los europeos (Fowler y los franceses) y los americanos (Pyle) en esta zona asiática. Para Pyle hay que liberarla del colonialismo e instaurar una democracia nacional que impida que caiga en las garras del comunismo. Para ello, según politólogos americanos que no conocen la zona, hay que procurar la creación de una Tercera Fuerza que apoyada desde fuera (USA) consiga mover la voluntad de los vietnamitas y establecer un sistema democrático. Pero Fowler ve que esto no es tan sencillo:
"Somos viejas naciones imperialistas, Pyle, pero hemos aprendido un poco de realismo; hemos aprendido a no jugar con fuego. . Esta Tercera Fuerza... figura en los libros, nada más. El general Thé es, sencillamente, un bandido con unos cuantos miles de hombres; no es una democracia nacional" (pág. 211)
"El americano impasible", Michael Caine, Philip Noyce, Guerra de IndochinaJunto a esta situación político-militar que personifican, además de Pyle y de Fowler, el inspector francés de policía Vigot, Domínguez -asistente portugués de Pyle-,  y otros norteamericanos como Joe, agregado económico de la embajada americana, o Bill Granger, periodista sensacionalista norteamericano habitualmente ebrio, hay una joven indochina, bellisima, muy delicada, que se mueve entre Pyle y Fowler. Es Fuong (Do Thi Hai Yen), la mujer sumisa que está para satisfacer las necesidades del hombre al que se acerca y del que ella espera obtener ventajas ciertas: casarse si es Fowler quien al final se lleva el gato al agua; vivir en Nueva York si Pyle es el ganador de esta incruenta batalla.

Estos son los mimbres que sostienen este magnífico relato organizado en 4 partes y que enhebra magistralmente la historia privada de los componentes de este triángulo amoroso con los sucesos del propio país donde esto sucede. Para ello el tiempo de la acción se desarrolla en contrapunto: una acción actual que investiga la muerte de Pyle;  y al hilo de ésta saltos al pasado rememorando Fowler lo vivido por él junto a este norteamericano, descubriendo la verdadera personalidad de Pyle al tiempo que sus auténticas actividades. 

La novela toca un montón de aspectos: la amistad entre dos hombres muy diferentes; el amor y la guerra; la inocencia de muchos de los combatientes; la increíble maldad presente en el conflicto bélico; la mentira y la verdad periodísticas; el colonialismo; la liberación, ¿a qué precio?; la sensualidad, el sexo y el desorden orientales vs la esbeltez, limpieza y lisura del deseo reprimido occidental; la juventud y la vejez; etc., etc.

Citas destacables
➼"¿Cuántos coroneles muertos justifican la muerte de un niño o de un conductor de triciclo, cuando uno quiere construir un frente democrático nacional?" (p. 220)
➼"Yo no estoy implicado [dice Fowler a un capitán del ejército francés]
No es una cuestión de razón o de justicia. Todos nos vemos implicados en un momento de emoción y después no podemos evadirnos. La guerra y el amor..., siempre los han comparado.[...]   Algún día ocurrirá algo que le obligará a decidirse por un bando" (p. 204)
➼"He llegado a una edad en que el sexo no resulta un problema tan importante como la vejez o la muerte" (p. 139)
➼"Tú, y los que son como tú, están tratando de hacer la guerra con la ayuda de gente que sencillamente no está interesada en esta guerra" (p. 125)
➼"Más tarde descubrí que Pyle sentía enorme respeto por los que él llamaba escritores serios. Esta designación excluía a los novelistas, poetas y dramaturgos, a menos que trataran lo que él denominaba un tema contemporáneo; y aún así era mejor leer la cosa directa tal y como la presentaba York." (p. 28)
"The quiet americain", Joseph L. Mankiewicz➼"York podía escribir sus abstraciones gráficas sobre la Tercera Fuerza, pero esto era la Tercera Fuerza en realidad, cuando uno la veía de cerca; esto era la Cosa" (p. 193) [reflexiona Fowler tras una explosión con material plástico colocado en un aparcamiento de bicicletas.]
Además de la versión cinematográfica dirigida por Philip Noyce en 2002 y estrenada en España el año siguiente, la novela de Graham Greene había sido llevada anteriormente al cine en un film dirigido por el gran Joseph L. Mankiewicz en 1958, tan sólo tres años después de la aparición de la novela. En esta ocasion los papeles estelares estaban protagonizados por Audie Murphy (Alden Pyle), Michael Redgrave (Thomas Fowler), Claude Dauphin (inspector Vigot), y Giorgia Moll (Fuong). El guión adaptado corrió a cargó del propio Mankiewicz. De ambos films es más fiel a la novela original el de Philip Noyce. En cuanto a premios y distinciones, la película de 2002 fue nominada al Óscar al mejor actor (Michael Caine); su director Philip Noyce obtuvo el National Board of Review; y el American Film Institute (AFI) la colocó en el Top 10 de Mejores películas del año.

20 dic. 2016

"Los caballeros las prefieren rubias" - Anita Loos

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Como ya dejé dicho en twiter, con este libro de Anita Loos me ha sucedido algo que casi, casi, había olvidado: lo he dejado plantado sin complejo de culpa alguno. He de aclarar que el libro que la editorial Alba ha sacado lujosamente editado se compone de dos novelas cortas: la primera, "Los caballeros las prefieren rubias"; y la continuación de ésta titulada "Pero se casan con las morenas".

Decidí leer el libro empujado por el título de la primera novela. Muchas cosas me llamaban a hacerlo: la primera y principal era de índole familiar dado que desde siempre vi en mi casa, entre los libros de mi padre, uno titulado "Como mejor están las rubias es con patatas", obra de teatro con un prólogo y dos actos, escrita por Enrique Jardiel Poncela y estrenada en 1947. Sabía que era una obra humorística y por eso la semejanza en el título con la novela de Anita Loos me hacía pensar que ésta también lo sería, como así es, en efecto. Y sin duda la segunda razón radicaba en el vívido y agradabilísimo recuerdo que guardaba en mi memoria de la película del  mismo título, adaptación de esta novela, que en 1953 dirigió Howard Hawks, y que contaba en los papeles protagonistas con Marilyn Monroe como Lorelei Lee y con Jane Russell en  el de su inseparable amiga Dorothy Shaw.

Mi lectura transcurrió sin sobresaltos aunque sí con cierto aburrimiento por lo repetitivo de la historia que en ella se cuenta. Nos encontramos ante dos chicas procedentes de Arkansas que actúan como cantantes y bailarinas en varios salones. De las dos, Lorelei aparenta ser la más superficial, siendo el sueño de su vida casarse con un millonario. Gracias a sus persuasivas cualidades consigue enamorar a "Gus Eisman, el Rey de los Botones", quien es capaz de hacer cualquier cosa por ella, como regalarle constantemente ropas y joyas.

Lo desdeñable 
Precisamente es este afán por mostrarnos a unas mujeres que usan su atractivo y su "modernidad" para sacar a sus tontos y millonarios admiradores todo lo que pueden, lo que hace cansina y por demás repetitiva la novela ("decidí que lo que más desanima a los caballeros es que una vaya de compras.", sobre todo si tiene que pagarlas a cambio de nada). 

Lorelei y Dorothy son mujeres de extracción rural con escasísima cultura por lo que el enamorado de la primera, Gus Eisman, se cree en la obligación de 'civilizarla' y culturizarla a fin de hacer más llevadera su introducción en los círculos urbanos, cultos y elitistas de su clase social. Como la culturización de un americano de clase alta pasaba en los años 20 obligatoriamente por Europa, Lorelei y Dorothy viajarán a Londres, París y Viena aprovechando que el señor Eisman piensa comprar en esta última ciudad una fábrica de botones. Los compromisos empresariales de Gus dejan a Lorelei y a su amiga campo abierto para flirtear con cuantos caballeros de clase alta se les acercan, y a los que esquilman todo lo que pueden y más. La tremenda incultura de sus dos protagonistas la plasma la novelista en el texto mediante:
  • Faltas ortográficas de calado: ¨un caballero francés que llevaba un huniforme muy bonito¨
  • Confusiones léxicas fruto del desconocimiento: 
  • "El señor Eisman ha llenado literariamente de flores nuestra habitación¨, "Henry es un hombre muy promanente", en vez de 'preeminente')en París visitan "la Torre Infiel", "¿Por qué no invitamos a estas encantadoras señoritas a Fontanbló? (transcripción fonética de 'Fontainebleau'), "En fin, que todas las objeciones del padre de Henry nacen del espíritu de reciprocoposidad"
  • Supina ignorancia: "El caso es que hemos recibido un telegrama, y el que señor Eisman dice, en este telegrama, que Dorothy y yo cojamos un exprés oriental, porque quiere que veamos la central de Europa, porque las chicas norteamericanas tenemos mucho que aprender de la central de Europa". 'Exprés oriental' en vez de 'Oriental Exprés', 'Central de Europa' por 'Europa Central'.
  • Significaciones extraídas de equívocas traslaciones: "el nombre del papá es Robber* que significa Roberto, en francés. Y el caso es que Dorothy empezó a pensar en sus veinticinco francos, y dijo a Robber: –Su mamá demostró conocer bien el idioma, cuando le puso este nombre". 
El chiste anterior se basa en los llamados "falsos hermanos" entre idiomas diferentes: 'Robber' es la traslación fonética de 'Robert' en francés, y en inglés 'robber' significa "ladron".), 

Aspectos salvables 
Hollywood, Cine, Comedia musical,

➼En mi opinión la novela gana algo cuando sin abandonar -nunca lo hace, por cierto- la burla constante a las dos chicas monas, pero lerdas y bobaliconas, aborda otro tipo de humor, diríase más blanco:
  • Sir Francis Beekman quería que bajáramos del coche para ver la torre porque, dijo, a una famosa reina le cortaron allí la cabeza una mañana, y Dorothy dijo: –Qué tonta fue de levantarse, aquella mañana. Y esto es, realmente, la única cosa sensata que Dorothy ha dicho en Londres.
  • La familia de Henry parece levantarse siempre muy temprano. En fin, que levantarse temprano no es tan malo cuando hay alguna razón para levantarse temprano, pero, cuando una chica se levanta temprano para nada, una empieza a pensar que levantarse temprano es una tontería.
Aunque, también lleno de tópicos como los referidos a la proverbial tacañería escocesa:
"Vendí gran cantidad de globos rojos, y le vendí un globo rojo a Harry Lauder, el famoso caballero escocés que es el famoso tenor escocés, por veinte libras. Entonces Dorothy dijo que no tenía yo necesidad alguna de comprar pasaje para París, ya que si era capaz de lo que acabo de decir, igual podía cruzar el canal andando sobre las aguas."
➼La utilización de hechos históricos para ubicar temporalmente la historia quizás sea de lo poco salvable de esta novelita: 
"–Lady, intentar arruinar la reputación de mi amiga es algo así como intentar hundir la marina de guerra judía." . Si se tiene en cuenta que el momento de la publicación de estas novelas es el año 1926 el efecto humorístico es potente.
La forma narrativa elegida. Los dos relatos están narrados por Lorelei Lee. El primero escrito en forma de diario relata el proceso de 'culturización' ideado por Gus Eisman para su protegida la señorita Lee. El segundo es la historia de Dorothy Shaw, relatada por su amiga

Alusiones críticas. A pesar de que de los dos relatos el más entretenido y más legible sea el primero, sin embargo es "Pero se casan con las morenas" el que contiene un mayor número de alusiones críticas estando más incardinado en el momento histórico del año de su publicación:
"El padre de Tony se hartó de la madre de Tony, y se las arregló para que un amigo suyo, turco, llevara a la madre de Tony a un sitio en que se cometió una atrocidad. Parece ser que, a los turcos, no hay nada que les guste más que las atrocidades" (alusión muy crítica al denominado 'genocidio armenio' realizado por el gobierno de los Jóvenes Turcos en el Imperio otomano, desde 1915 hasta 1923.)
➼Crítica del falso puritanismo norteamericano evidenciado en esos hombres que se reúnen para censurar escenas inmorales de las películas y que luego se proyectan esas escenas impúdicas para su propio disfrute. ¿Habráse visto tamaña hipocresía?:
"Henry es de una sociedad que se reúne los jueves y que no hace más que censurar películas. El caso es que los caballeros de esta sociedad cortan todos los trozos de las películas en los que sale algo verde que la gente no debe ver. Luego pegan todos los trozos verdes, y pasan la película de los trozos verdes qué sé yo cuántas veces."
Burla del postureo de la alta sociedad que se promociona constantemente a sí misma: 
"Pronto descubrí que el ambiente más literario de Nueva York es el Hotel Algonquin, que es donde todos los genios literarios almuerzan. Sí, porque todos los genios literarios que almuerzan en el Algonquin no hacen más que escribir que este hotel es el sitio en el que todos los grandes genios literarios almuerzan." -confiesa Dorothy, trasunto de Anita Loos.
...y la 'inteligenteLorelei Lee, al oír hablar a los 'genios del Algonguinde James Joyce y de otros grandes escritores europeos, piensa:
"por mi parte, diré que realmente no sé por qué los genios del Algonquin tienen que tomarse la molestia de conocer Europa, cuando Europa no se toma la molestia de conocerles a ellos."
Un dardo contra la crítica literaria:
"el señor H. L. Mencken, Theodore Dreiser, Sherwood Anderson, Sinclair Lewis, Joseph Hergesheimer y Ernest Boyd, dijo Dorothy, estarían allí." [...] "los caballeros del Algonquin son los críticos que dicen a los demás cómo hay que hacer las cosas, y saben comportarse."

Para finalizar
Es evidente -dirá alguno- que para haber encabezado la reseña con ese "la he dejado plantada" parece que hay en ella bastantes aspectos salvables. Pues sí, lo reconozco, algunos hay. De nuevo se demuestra que el dicho atribuido a Plinio el Joven de "No hay libro, por malo que sea, que no contenga algo bueno" no miente.

Marilyn Monroe, Jane Russell, Howard Hawks, Charles Coburn
Creo que la misma Anita Loos era consciente de que lo que estaba escribiendo no era nada del otro mundo y que lo único que pretendía hacer con estas dos novelitas no era más que un divertimento. Así lo confiesa la autora en el prólogo que abre el volumen donde explica el motivo que la impulsó a escribir el primero de sus relatos, que no fue otro que observar cómo en el mundo hollywoodense, que ella como guionista tan bien conocía, los hombres perdían la cabeza por jovencitas tontas y estúpidas de cabeza hueca. En dicho prólogo la escritora escribe lo siguiente: 
"Me puse a escribir mis pensamientos, no con amargura, como hubiese hecho en el caso de ser una verdadera novelista, sino con un sentido del humor que, en términos generales, puede calificarse de infantil."
Y añade: 
"Con los anteriores elementos, cualquier novelista de veras, como Sherwood Anderson, Dreiser, Faulkner o Hemingway, probablemente habría levantado tempestades de indignación en sus lectores. Scott Fitzgerald logró que sus seguidores derramaran lágrimas agridulces con la lectura de hechos parecidos."
Desde luego creo que no puede exigirse a ningún escritor mayor ejercicio de sinceridad. Y tampoco mayor cinismo.
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