23 may. 2018

"Lucky", una película de JOHN CARROL LYNCH

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Acabo de ver "Lucky", una película estrenada en España el pasado día 4 de mayo y que hoy, día 23 en una ciudad como Madrid sólo se proyecta en 4 ó 5 salas, y en la mayoría de éstas en una única sesión a hora intempestiva. La he visto, pues, de milagro, y gracias a dos amigas, Guida y Ana, cinéfilas de fiar donde las haya, que me la recomendaron vivamente. Gracias, amigas.

¿Por qué sucede que algunos filmes apenas duran en la cartelera? La respuesta no es otra que la escasa aceptación que entre el gran público tienen aquellas historias que indagan en la profunda condición humana enfrentándose a ella sin melindres. Frente a estas temáticas eminentemente existenciales, la mayoría de los espectadores prefieren visionar historias que soslayan la esencia del Hombre y que se quedan en la espuma del glamour y de la falsedad que la sociedad de consumo fabrica pretendiendo hacernos pensar que consumir es lo único importante en la vida que se nos imagina eterna.

Y verdaderamente tal cosa no es así. Esta afirmación no es descubrimiento alguno desde luego, aunque si sea sorpresivo verla expresada en productos que se entiende son de entretenimiento. ¿Pagar para sufrir?, se preguntan algunos. A lo que cabría replicar: ¿Sufrir es saber o, mejor dicho, reconocer? En verdad lo interesante de estas historias que te ponen frente a la dura realidad es la manera de presentarla y no otra cosa. Como dice Lucky cuando estamos en esta situación sólo nos queda brindar por la vida y respondernos con una sonrisa.

La película
John Carroll Lynch, Paris-Texas, cine indie
Lucky es Harry Dean Stanton reza uno de los créditos al inicio de la película. Y efectivamente, en este caso, lo es, pues el personaje de Lucky fue creado a partir del acontecer biográfico del mismísimo Harry. En este sentido el film es biográfico. Hasta tal punto llega la interconexión realidad de Harry / ficción de Lucky que el actor no llegó a ver estrenada la película pues falleció el 17 de septiembre de 2017 a los 91 años de edad, y 12 días después tuvo lugar la première en Estados Unidos.

La historia que presenta John Carroll Lynch en ésta su primera incursión en la dirección cinematográfica es la del declive, mejor sería decir el ocaso, de un ser humano, Lucky. Presenciamos la vida diaria de un hombre anciano de la misma edad que el actor que lo interpreta. Este hombre vive solo, ascéticamente, entregado a su saludable rutina consistente en unos ejercicios gimnásticos diarios, un vaso de leche -único alimento que hay en su frigorífico-, un paseo hasta la cafetería que regenta Joe (Barry Shabaka Henley) en el que Loretta (Yvonne Huff Lee) le sirve su vaso de café con leche espumosa que toma tranquilamente mientras cumplimenta el crucigrama del periódico; luego, siempre caminando, se llega hasta el pequeño supermercado donde Victoria (Ana Mercedes) lo saluda en español y le da la leche y el tabaco que solicita y religiosamente le paga. En su casa realiza puzles y crucigramas, y al atardecer se acerca al pub de Elaine (Beth Grant) donde departe con otros solitarios como él sobre las más variadas cuestiones. En este grupo de solitarios destaca Howard (David Lynch, el famoso director de la serie televisiva Twin Peaks) el mejor amigo que tiene Lucky por el que llega a retar a Bobby (Ron Livingston), un abogado que vende falacias y a punto está de engañar a Howard. Howard es el dueño de un galápago que enmarca simbólicamente con su aparición en el inicio y final de la película el mensaje de la misma.

La vida de Lucky es siempre así, todos los días se repiten con idéntico ritmo. Siempre hasta que algo quiebra esta tranquilidad, y este algo es la vida misma que es tiempo y no entiende de rutinas. Cuando tal cosa sucede Lucky siente miedo pero lo superará porque a la vida, a sus avatares, a su discurrir inexorable contra el que nada se puede hacer, sólo nos queda ponerle una sonrisa, encararla sin temor alguno. Y esto mientras que el galápago de Howard sigue paseando su enorme caparazón y los cactus de Texas, donde transcurre la historia y con los que Lucky se asemeja, siguen ahí impertérritos hasta que suceda lo inevitable.

David Lynch, Harry Dean Stanton, "Lucky",
Lucky se identifica con ese cactus al que riega y mira de frente: está lleno de espinas que lo defienden y aíslan del exterior, pero también está coronado por unas hermosas flores que dan unos sabrosos frutos, los tunos. Igual que los cactus Lucky se defiende del entorno con cierta aspereza pero a la altura de sus años es consciente de que en este mundo la amistad, siquiera pasajera (la fiesta de cumpleaños del hijo de 10 años a la que le invita Victoria, la conversación con ese veterano de guerra en un bar y sobre todo sus conversaciones con Howard y los otros clientes del bar de Elaine), es lo único que endulza la existencia y depara instantes de gran felicidad y belleza. El resto y lo que siguiente es nada.

Desde el punto de vista cinematográfico la película tiene enorme belleza con unos encuadres magníficos, un colorido precioso, un contexto (la localidad texana donde vive el ateo de Lucky) que como él mismo está en declive: casas desconchadas, establecimientos cerrados, viejos sillones vacíos en las verandas de casas solitarias que en su día debieron de ser magníficas; y una música, en especial las rancheras mexicanas, que inciden sobre el asunto esencial del film: el paso del tiempo del que habla la que se escucha en el primer despertar de Lucky al inicio del film, las 'mañanitas' que le cantan los mariachis al niño de sólo 10 años el día de su cumpleaños, y ese 'Volver, volver, volver' por el que se arranca espontáneamente Lucky en la fiesta a la que ha sido invitado.

Esta primera realización de John Carroll Lynch ha obtenido premios por dondequiera que se ha exhibido. Que yo sepa el actor obtuvo a título póstumo el Premio al Mejor Actor en la 55ª edición del Festival de Cine de Gijón y el Premio Satellite al Mejor Actor 2017. Por su parte el film ganó elste mismo galardón, Premio Satellite, en la categoría de Mejor Primera Película. Y estoy convencido que las distinciones no se quedarán sólo ahí.

Harry Dean Stanton (información obtenida de Internet)
Harry Dean Stanton nació en West Irvine, Kentucky el 14 de julio de 1926, y falleció en Los Ángeles, California, el 15 de septiembre de 2017.  Antes de darse a conocer por su papel protagonista en "Paris, Texas" (1984) se había especializado en papeles secundarios en películas de renombre de asunto bélico y westerns, como "Tomahawk Trail" (1957), "In the Heat of the Night" (1967), "La leyenda del indomable" (1967), "Los violentos de Kelly" (1970), "Pat Garrett y Billy the Kid" (1973). Pero también participó en cintas de otras temáticas: "El padrino II" (1974), "Alien, el octavo pasajero" (1979), "La última tentación de Cristo" (1988), "Corazón salvaje" (1990), Twin Peaks: Fuego camina conmigo (1992), "The Straight Story" (1999), "The Green Mile" (1999) o "Inland Empire" (2006), así como en las series Big Love (2006-2010) y Twin Peaks (2017).En lLa película “Lucky” (2017) tuvo su último papel protagonista.
Gran amante de la música tenía una banda llamada "The Harry Dean Stanton Band" en la que tocaba la guitarra. Regularmente tocaba temas de jazz, pop, y tex-mex en la zona de Los Ángeles


Recomendación
Desde luego una estupenda película actuada por un excelente y prolífico actor que estuvo al pie del cañón hasta el final y que vivió, y murió, acorde a su insobornable pensamiento. Si tenéis oportunidad no debéis dejar de verla. Es toda una experiencia. Un saludo.

19 may. 2018

"La uruguaya" de Pedro Mairal

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Pedro Mairal, "La uruguaya", novela argentina
(Montaje fotográfico de www.indienauta.com)

El escritor
Pedro Mairal nace en Buenos Aires en 1970. En 1994 obtiene una mención en el Premio Fortabat de poesía. En 1997 da clases de Literatura inglesa y coordina el Taller Literario en la Facultad de Letras de la USAL (Universidad del Salvador), una universidad privada de Buenos Aires. En 1998 recibió  el Premio Clarín de novela por su novela Una noche con Sabrina Love, obra que fue llevada a la gran pantalla en el año 2000 con Cecilia Roth en el papel protagonista. Además, su producción comprende títulos como El año del desierto (2005), Salvatierra (2008) y varias antologías y poemarios. Ha sido traducido a cinco idiomas y elegido como uno de los mejores jóvenes escritores latinoamericanos de 2007. En 2016 publica en Argentina la novela que reseño a continuación. Con ella, "La uruguaya" gana en 2017 el premio Tigre Juan, organizado por el Ayuntamiento de Oviedo.

La novela
Muy interesante. Salvo un pequeño momento en que me pareció que se atrancaba la novela fluye -avanza y retrocede- con una suavidad maravillosa. 17 horas dura la aventura de Lucas Pereyra, una aventura en la que, partiendo de Buenos Aires, viaja a Montevideo (Uruguay), país que en el imaginario de los argentinos representa la liberalidad de costumbres y donde todo parece posible. Lucas tras su odisea uruguaya vuelve a Buenos Aires a reencontrarse con la realidad. A veces este reencuentro aunque duro augura un futuro mejor porque conocerse a uno mismo es muy importante.

autoficción, posmodernismo, metaliteratura
De la novela me han gustado muchas cosas. Una de ellas sin duda alguna es el vocabulario utilizado tan distinto a veces en el léxico al nuestro de España pero también -y aquí reside una de las gracias del relato- tan localista y diferenciado el idiolecto uruguayo del propiamente bonaerense. Tan cerca y tan lejos, viene a decirnos el autor.

Por otra parte estamos ante una novela haciéndose. Lucas es un escritor que debe realizar otros laburos (empleos, trabajos, dar conferencias...) para poder sobrevivir. Estos trabajos no le satisface lo más mínimo porque le distraen de su principal vocación, -la escritura-, pero le permiten no estar atado a nada ni a nadie. Las editoriales extranjeras en las que publica (una española y otra colombiana) y la revista uruguaya que regenta su amigo Enzo y en la que puntualmente colabora le hacen los ingresos dinerarios en un banco de Montevideo elegido por Lucas que no quiere ver cómo la fortísima inflación de su país y la voracidad de la Hacienda pública dejan reducidos esos ingresos a prácticamente nada. En el relato que leemos el protagonista se traslada en ferry y ómnibus a Montevideo para cobrar e introducir de estrangis en Argentina el dinero que la editorial española le ha adelantado por una novela que es en realidad la que ahora mismito él está protagonizando y nosotros, sus lectores, leyendo.

Es una novela en la que el narrador-autor (-no está nada clara la diferencia entre uno y otro. La frontera entre la ficción propiamente dicha y la autoficción  es difícil de establecer en este relato-) experimenta una epifanía y una transformación de las que el personaje-narrador de Lucas parece salir más comprensivo, menos bravo, menos insoportable. La finalidad de la escritura, dice en un momento de la historia no es contar sino conocerse: “No te estoy contando para que me cuentes. Sino para explicarme a mí mismo”.

Además de Lucas y de su amigo charrúa Enzo en la novela aparecen dos mujeres muy importantes para el protagonista. Una es Catalina su mujer y madre de Maiko, el hijo de ambos. En esta pareja algo parece haberse enfriado. Lucas está pasando claramente una crisis, la de los cuarenta que es bastante común en muchos hombres, y ve que la juventud se aleja y las responsabilidades paternas crecen pues un mocoso al que sí, claro, le quiere mucho, centra la vida de la pareja que lo ha engendrado. Para escapar de este hostigamiento que para él es el matrimonio y la paternidad recurre a tener, rememorar, fantasear e imaginar aventuras (a veces más ilusiones que otra cosa) sexuales, pequeñas escapadas (con alguna alumna, con alguna periodista, en algún congreso literario...). 
La segunda mujer, esencial en esta narración, es Mágali Guerra, la ilusión que desde hace un tiempo lleva consigo, una ilusión sostenida a base de emails que no fragua en nada concreto salvo en los breves encuentros que tiene con ella cuando la conoció en un encuentro literario y luego en Montevideo cuando acude por vez primera a tomar una remesa de los ingresos que las editoriales y revistas le realizan allí. Su aventura con Guerra, que así la llama Lucas, constituye el núcleo de la trama  de este relato, la imaginada y constantemente frustrada canita al aire con esta uruguaya joven y guapa que le tiene absorbido el seso desde que la conoció hará cosa de un año.

Pedro Mairal, Rio de la Plata
La mentira, el engaño, la impostura, son temas importantes en esta breve narración. Todos mienten, todos engañan y se engañan, todos fingen… en un país -Argentina- difícil, convulso, engañoso...; un país en el que a la menor aparece una dictadura o cae sobre los nacionales un corralito económico. El viaje externo de 17 horas servirá para que los personajes viajen también hacia dentro de sí mismos y pongan en orden sus vidas. Y todos estos asuntos están muy bien presentados estilísticamente con un  narrador en 3ª y en 1ª que se dirigen a una 2ª dependiendo de si el acontecimiento narrado está sucediendo dentro de ese breve lapso temporal o si está siendo evocado o imaginado en la mente del narrador. Este cambio de una dimensión temporal a otra la realiza el escritor de manera fluida, llevando al lector de la mano con gran maestría.

Dos elementos muy importantes arropan constantemente al relato. De una parte la innumerables referencias literarias (Múgica Herzog, Cortázar, Borges (cuento “Emma Zunz”), Guimarães (“Gran Serton”), Rimbaud de quien Lucas estaba leyendo una biografía y con el que viene a identificarse dadas las vicisitudes que uno y otro sufrieron durante el/los viaje/s que respectivamente hicieron para lucrarse. Al igual que el Arthur francés, él también regresa enfermo –con fiebre- y herido –en su fuero interno, en su orgullo de macho- a su Itaca de la que salió. Pero la Itaca de Ulises no es la de Lucas Pereyra porque los tiempos han cambiado mucho y el concepto de familia ha evolucionado una barbaridad.

El segundo de los elementos en que Mairal envuelve esta historia es el de su estupendo sentido del Humor. A mí “La ururguaya” me ha parecido una novela divertida. No es fácil encontrar obras en las que el Humor sea claro, límpido, a veces hasta blanco (el diálogo lleno de discrepancias teológicas entre el pastor evangélico y la señora Testigo de Jehová en el ómnibus es de traca. Y otro tanto cabe decir de la burla que hace del lenguaje abstruso y alambicado de la profesión médica: “te vas a aplicar la crema en el área pruriginosa, ¡hijo de un camión lleno de putas!, ¡el área pruriginosa!, por qué no decís «el lugar donde te pica»”, pág. 14). Hay muchísimo humor irónico. Las alusiones a los congresos de escritores (“Ahí estábamos los intelectuales latinoamericanos armando nuestro número, hablando para nosotros mismos en un balneario.”, pág. 13) o a reuniones profesionales por muy elevadas y dignas que estas parezcan ([me dijiste “que era médica, que trabajaba en la Trinidad, que la habías conocido en un cocktail de la fundación en una terraza”, (pág. 99) y que en el fondo sirven para lo que sirven.

No quiero acabar sin aludir a la música. Las referencias a grupos y temas musicales que aparecen en la novela son en su mayor parte de los años 80 del siglo pasado, y su citación se debe bien al gusto o el disgusto que al personaje le proporcionan. Junto a canciones de Guns N'Roses, Radiohead o The Eagles el tipo de música que más agrada al narrador es el interpretado por artistas como la bonaerense Mercedes Sosa o los uruguayos Fernando Cabrera y Rubén Rada.



Final
Para acabar, concluiré diciendo que a mí esta novelita corta de Pedro Mairal me ha entretenido mucho. Es una obra que se lee con mucho gusto y que a la indudable calidad literaria que alberga añade un envidiable sentido del humor repartido por todo el relato haciendo verdad el dicho horaciano de "Enseñar deleitando".


Datos del libro
Autor: PEDRO E. MAIRAL
Título: “La uruguaya”
Nº de páginas: 144 páginas. (en ebook: 99)
Encuadernación: Tapa blanda
Editorial: Libros del Asteroide (2017)
Lengua: CASTELLANO
ISBN-13: 978-8416213993
Precio:
En papel: 15,15€
Ebook: 6,64€



15 may. 2018

Richard Ford: "Entre ellos"

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Un memorialista nunca es únicamente alguien que cuenta las historias de otras gentes, sino un personaje más de esas historias. Así,  escribir sobre mis padres mucho tiempo después de que éstos hayan muerto deja al descubierto inevitablemente huecos, fallos, debilidades, grietas y ausencias en mí, insuficiencias que la propia narración tal vez ha tratado de enmendar o de sellar definitivamente; ausencias que ninguna cantidad de vida o de narración veraz es capaz de llenar u ocultar. (Richard Ford: "Entre ellos")

Novela memorialista, Novela de No-ficción, Autoficción

Hace ya tiempo que la literatura memorialista está de actualidad y más en concreto la de tipo testimonial. Últimamente muchos son los libros de este tipo que copan los escaparates de las librerías. Pienso concretamente, limitándome sólo a obras que haya leído no hace mucho tiempo, en Richard Russo y su "Sobre mi madre", Vivian Gornick con "Apegos feroces", Angelika Schrobsdorff en "Tú no eres como otras madres", e incluso por qué no Gay Talese con su "El motel del voyeur", todas ellas de autores extranjeros. De autores en lengua española ahora mismo recuerdo las siguientes obras leídas y en este blog reseñadas: "Ordesa" de Manuel Vilas, "La hora violeta" de Sergio del Molino, "El comensal" de Gabriela Ybarra o "Lo que no tiene nombre" de Piedad Bonnett.
Es indudable que hay muchas otras más, lo que demuestra que estamos ante una tendencia literaria muy propia de nuestra época que no se circunscribe a los límites tradicionales entre géneros sino que los rompen y al invadirlos crea una provechosa mezcla que pone en primer plano la exhibición sin falsos pudores de la propia intimidad. Es tal la verdad mostrada, que la emoción anega al lector -hablo por mí, evidentemente-haciéndole disfrutar de la literatura desde el centro mismo del origen de la misma: el creador y sus más secretos y hasta ignorados impulsos genésicos.

En mi caso, bien podría decirse que he tomado gusto a esta modalidad narrativa, como lo demuestra que a las obras de tal género antes citadas se une la que con mucho gusto por mi parte acabo de leer, la novela "Entre ellos" que el norteamericano Richard Ford dedica a sus padres. Según confiesa el escritor en el epílogo de la misma el motivo de escribirla no ha sido otro que el de realizar un acto de amor hacia sus padres; tal propósito es idéntico al que confiesa Manuel Vilas en “Ordesa”, ofrecer póstumamente un acto de amor a los padres fallecidos. Dice Richard Ford que el libro le ha servido, le sirve y le servirá para conjurar la nostalgia de ellos que a veces le embarga. Y justifica su escritura, además, por no creer en el sentido trascendente de la vida.

El autor
Escritor, periodista deportivo, guionista y editor estadounidense, en 1976 sale publicada su primera novela, Un trozo de mi corazón, a la cual le siguió La última oportunidad, trabajo con el que obtuvo muy buenas críticas, pero pobres resultados comerciales. A mediados de los ochenta, asentado en la ciudad de Nueva York y tras ser despedido de la publicación deportiva en la que trabajaba, Richard Ford publica la novela El periodista deportivo, obra con la que obtuvo fama mundial y ganó un Premio Faulkner.
En 1996, obtuvo el Premio Pullitzer de ficción con El Día de la Independencia; en 2012, su novela Canadá fue un auténtico éxito de ventas. La mayoría de sus novelas están protagonizadas por el personaje Frank Bascombe de quien algunos críticos consideran que es un alter ego del escritor.
En 2016 le fue otorgado el Premio Princesa de Asturias de las Letras, en reconocimiento a su larga y prestigiosa trayectoria.

"Entre ellos"
La obra se estructura en dos partes y un epílogo. Las partes van dedicadas, respectivamente, al padre y a la madre del novelista. La primera en ser escrita fue la de la madre fallecida en 1981; Richard Ford redactó este homenaje a su progenitora al poco de morir ésta. La del padre, a pesar de haber fallecido éste cuando el escritor sólo tenía 16 años, la escribió cincuenta años después del óbito. O sea que las reseñas de las vidas de uno y otro están separadas por treinta años de distancia y, además, el orden en que aparecen en el libro, que es el cronológico, es el opuesto al momento de la redacción de cada una de ellas. Estas circunstancias han de ser debidamente valoradas cuando leemos estas memorias en las que encontramos una mayor prolijidad e implicación emocional personal en la de la madre por la cercanía al momento de su desaparición, y un mayor distanciamiento en la del padre que queda envuelto en una nebulosa propia del sentir del adolescente que sentía la figura del padre más como carga que otra cosa.

Su muerte: El recuerdo de mi padre

Este es el título de la memoria dedicada a su padre, Parker Ford, exitoso viajante de comercio que vendía más almidón para lavar que nadie en la Fautless Company. Su éxito en el trabajo tuvo siempre en la memoria de Richard el recuerdo de su continuada ausencia. Parker Ford abandonaba la casa donde vivían -casi al final de su periplo vital, pretenciosa residencia- el lunes y no volvía a poner los pies en ella hasta el viernes por la tarde. Para el novelista su padre siempre fue una persona ausente a la que su madre invocaba cada vez que sus trastadas o mal rendimiento escolar la obligaban a ello.
Clase media norteamericana en los años cincuenta
Richard Ford cuenta la vida del joven matrimonio que formaron sus padres (ella, Edna, con sólo 17 años; él, Parker, de 24) antes de que él llegara al mundo y los imagina alegres, divertidos, disfrutando de la vida. Edna, que nunca fue muy bien vista por Minnie, la madre de Parker, acompaña a su marido en sus viajes por los siete estados del Sur (Arkansas, Louisiana, Alabama, un poco de Tennessee, una franja de Florida, una esquina de Texas y todo Mississippi. En estos viajes en coche conocen a otros viajantes de comercio, charlan con ellos, beben con ellos, son felices. Quieren tener descendencia pero da la impresión de que ésta no va a llegar. A los quince años de casados cuando Edna tiene 32 años -una mujer añosa ya para la maternidad según el pensamiento del momento- queda embarazada. Deja de acompañar a Parker y con tranquilidad espera el nacimiento de su único hijo, Richard. Estamos en 1944.
El padre de Parker Ford se había suicidado; la madre, Minnie, era autoritaria y presbiteriana. No llevaba nada bien que Edna, la madre de Richard, hubiera estado interna en un colegio de monjas. Y no lo llevaba nada bien porque los católicos eran de mente más abierta que los protestantes. Los padres de Parker y él mismo vivían en Harmony; la familia de la madre de Richard, en Ozark.
Por su parte la madre de Edna, Essie Lucille, que se había divorciado muy pronto de su marido, envió a su hija a un colegio en Ford Smith para que ésta sobrellevase mejor la relación con Bennie, su padrastro. Allí, en el colegio, estuvo Edna hasta que con 16 años la pusieron a vender en un puesto de cigarrillos.
Cuando Richard vino al mundo por un tiempo Edna dejó de acompañar a su marido, pero pronto hasta que el novelista tuvo edad de ir a la escuela eran los tres los que viajaban en el auto que la compañía le había proporcionado a Parker como instrumento de trabajo. A partir del momento de su escolarización el padre para el niño y adolescente Richard será el Otro, quien nunca está pero a quien siempre se invoca. Por eso cuando el soplo en el corazón con que había nacido Parker comenzó a dar negativas señales, luego primeros amagos de enfermedad seria y al cabo de dos o tres años le lleve a la muerte, Richard no experimentará un gran cambio en su rutina pues el padre desaparecido ya lo era para él a todo lo largo de su corta existencia. No obstante en ese momento, sus dieciséis años de edad, sintió que algo había cambiado. Desde entonces, -dice al final de esta reseña sobre su padre- raro es el día "sin que piense 'algo' sobre mi padre. Muchas de esas cosas las he escrito ya aquí. Algunos hombres tienen padre toda la vida, crecen y se convierten en hombres dentro de la órbita y el campo de visión de su padre. Mi padre no llegó a experimentar esto. Puedo imaginar una vida así, pero 'sólo' imaginarla."


"Mi madre. In memoriam"

La reseña sobre Minnie, su madre, es más prolija y contiene un mayor cúmulo de detalles, pues no en balde la redactó en 1981 al poco de haber fallecido ésta. Sin embargo, no es mucho tampoco lo que transmite sobre experiencias vividas junto a ella dado que al poco de fallecer el padre la madre envió a Richard, que se había convertido en un adolescente problemático a vivir con sus abuelos, Bennie y Essie, que regentaban un hotel en Little Rock (Arkansas). A los dos años del fallecimiento paterno, Richard marcha a la Universidad y abandona la casa familiar, la casa adosada de North Congress Street, en Mississippi, que Edna había hecho comprar a su marido dos años antes de la muerte de éste cuando todo auguraba unos años cada vez más prósperos. Las cosas naturalmente cambiaron mucho y la economía familiar al morir el padre se resintió mucho. Edna para salir adelante tendrá que alquilar la mitad del adosado y ponerse a trabajar. Lo hará en el hospital donde -dice el novelista- "durante un tiempo, pienso, la nueva vida que le había deparado el destino se consolidó y cobró sentido. Estoy haciendo conjeturas, porque yo ya me había ido a la universidad, y seguiría fuera mucho tiempo."
Luego ya Richard Ford comienza a hablar de su madre un poco en la distancia dado que, al abandonar la casa para ir a estudiar a la Universidad de Michigan, él ha iniciado su vida de adulto. En la universidad cambia los estudios de Hostelería en que se había matriculado por los de Literatura, y es allí donde conoce a la que será su mujer, Kristina Hensley. En 1968 se casa con Kristina e inicia una diáspora a través de USA que le lleva a vivir en diversas localidades. Mientras, su madre, viuda de 55 años, se traslada a vivir al Hotel Marion, el establecimiento que regentaba su madre y su padrastro. Edna vive bien, sin preocupaciones hasta que un día de 1973 le detectan cáncer de mama. Comienza ahí una distinta medición del tiempo condicionado siempre por las obligadas revisiones médicas ("El año se medía ahora de examen médico en examen médico, siempre a finales del invierno, poco después de mi cumpleaños"). En la relación madre-hijo que Ford presenta subyacía siempre el deseo de no interferencia mutua pero también el deseo de estar juntos siempre que fuese preciso o alguno de ellos lo solicitase.
[mi madre] "tras la muerte de sus padres tuvo una vida más desahogada. Y finalmente nos tenía a nosotros -a mi mujer y a mí-, que la queríamos y contábamos con ella siempre que podíamos. Pero si yo le decía -cosa que hacía-: 'Mamá, ¿disfrutas de la vida? ¿Te van bien las cosas?', ella me miraba con una impaciencia familiar y ponía los ojos en blanco. 'Richard, nunca voy a ser muy feliz. No está en mi naturaleza. Concéntrate en 'tu' vida. Deja en paz la mía. Ya me cuidaré yo de mí misma'
Pero como suele ocurrir cuando el final se acercaba en una visita que les hace ella en Princeton donde vivían, Edna de manera indirecta le dice a Richard que su enfermedad no va nada bien y que le queda aún un año para que la acepten en una Residencia que tenía apalabrada. Esta insinuación su hijo la sortea con un recurrente "Puede que empieces a sentirte mejor". A lo que su madre le responde con un lacónico "Bueno, sí. Podría ser. Supongo que no es imposible.". Richard entonces se ofrece a que vivan juntos a partir de las siguientes y cercanas Navidades, pero al ver cómo la madre empieza ya a hacer planes ("Voy a empezar a pensar en ello. Pensaré qué hacer con lo muebles.") él recula y le dice: "No hagas planes todavía. Quizá te sientas mejor para entonces. Quizá no sea necesario que vengas a Princeton."
Autoficción, narrativa testimonial, No-Ficción
A las seis semanas de esta visita y conversación, la madre de Richard Ford falleció en Little Rock. El escritor no deja de replantearse esta conversación que, piensa, debiera de haber sido otra en la que él se hubiera ofrecido abiertamente a satisfacer todo lo que su madre pensase, idease e incluso fantasease. Pero no fue así y ese darle la espalda a quien le dio el ser le acompaña y está en la base de la reseña que está haciendo sobre la vida de su madre.
Final
Estas memorias de Richard Ford sobre sus padres han traído a mi memoria la que Manuel Vilas publicó a finales del año pasado sobre los suyos titulada "Ordesa" [leer reseña aquí]. En ambas sendos escritores presentan la vida de unas personas comunes, normales, sin nada heroico ni relevante en sus vidas
En su vida no hubo ningún brillo especial, nada merecedor de fama. Nada heroico. Ningún logro notable del que pudiera enorgullecerse. Hubo bastantes cosas malas: una infancia que no merecía recordarse; un marido al que amó por siempre y perdió; una vida de la que no había gran cosa que comentar. Pero de alguna forma hizo posible que yo profesara mis más genuinos afectos
pero a las que les unió el amor y el afecto, y de las que aprendieron la Verdad de la vida, esa verdad que viaja envuelta en momentos concretos que crean actos de conocimiento rotundo que podrían resumirse, utilizando las palabras del propio Richard Ford, en conocer con ellos

"ese momento que todos desearíamos conocer, el momento de decir: 'Sí, esto es lo que hay'"

9 may. 2018

Sergio del Molino. "La hora violeta". Literatura testimonial.

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"A la hora violeta, cuando los ojos y la espalda
se alzan del escritorio, cuando el motor humano espera
como un taxímetro espera palpitando,
yo, Tiresias, aunque ciego, palpitando entre dos vidas,
viejo con arrugados senos de mujer, puedo ver
a la hora violeta, esa hora del atardecer que nos empuja
hacia el hogar y envía del mar a casa al marinero" 
["Tierra baldía" del poeta estadounidense T. S. Eliot (San Luis, Misuri; 26 de septiembre de 1888 - Londres; 4 de enero de 1965)

"La hora violeta", novela testimonial, literatura del dolor, duelo, enfermedad

La hora violeta
En una de las últimas secuencias de la cuarta parte de la obra titulada igual que todo el volumen, "La hora violeta", el propio autor del relato testimonial que me propongo reseñar confiesa que la razón por la que puso este título al volumen está en los versos de Eliot con que encabezo el post. Sergio del Molino en esas páginas, entre otras cosas, dice al respecto:
"La hora violeta es un taxi que espera en marcha en la parada, con el motor encendido. La hora violeta, en realidad, no existe más que como lugar de paso, como transición molesta y necesaria. Nadie vive en la hora violeta: la gente huye de ella hacia la vida real, hacia la vida normal." (pág. 186)
El significado concreto de lo que para él es esa hora violeta lo conoceremos en su más amplio sentido  leyendo este relato en el que Del Molino da testimonio de la terrible enfermedad (leucemia mieloide, la más agresiva) que le descubrieron a su hijo Pablo con apenas diez meses, y lo que supuso para el propio niño y para sus padres, Sergio y Cris, sobrellevarla. En definitiva esa hora violeta no fue otra cosa que ese tiempo esperanzado -sí y no, algo más de un año- que los tres miembros de este grupo familiar vivieron luchando y expectantes. La hora violeta, ese lugar de paso, está formado por todo lo que constituye la estructura sanitaria con sus profesionales pero también por los que constituyen el soporte afectivo, tan importante siempre: los familiares, los amigos, los compañeros de planta hospitalaria, etc.

Su autor
Sergio del Molino Molina (Madrid, 16 de agosto de 1979) es un escritor y periodista español. Literariamente, aunque algo antes ya había escrito algunas otras obras ("Malas influencias", libro de relatos; "Soldados en el jardín de la paz", ensayo de corte periodístico; o "No habrá más enemigo", en 2012, su primera novela) se dio a conocer al gran público con "La hora violeta"  en 2013. Desde el principio esta narración tuvo una enorme repercusión obteniendo ese mismo año el Premio Ojo Crítico  así como ganando el XXXV Premio Tigre Juan ex aequo con la novelista Marta Sanz.

En 2016 su ensayo "La España vacía" supuso un aldabonazo al escudriñar en él las raíces del desequilibrio campo-ciudad y la afectación que el mismo tiene sobre la España actual. En el terreno narrativo en 2017 vio la luz "La mirada de los peces", novela que trata sobre la vida y muerte de Antonio Aramayona, quien fuera profesor suyo de filosofía.

La principal dedicación profesional de Sergio del Molino es la de articulista y periodista. Habitualmente publica artículos y reportajes en "El Heraldo de Aragón" de la ciudad de Zaragoza donde reside y en diario "El País" de Madrid.

Una novela del dolor
Lo primero que viene a la cabeza de quien lee esta obra es el género literario al que pertenece. Para movernos con cierta sensación de seguridad los lectores siempre queremos encasillar, clasificar, al producto o al creador dentro de una categoría. Este deseo es comprensible pero no siempre factible, y cuando hay mucha calidad la dificultad aumenta. En el caso de la novela que nos ocupa el testimonio narrativo alterna y se confunde con la reflexión personal, la cual se escapa casi como sin querer hacia terrenos más puramente poéticos.

El crítico literario Ricardo Senabre (⍏2015) la clasificó dentro de lo que él llamaba "literatura del dolor". Sí, podría valer. Pero yo creo que no es del todo correcta la mera inclusión ahí porque en "La hora violeta" Sergio del Molino no sólo lanza un grito de dolor por lo injusto de lo acaecido a su hijo: al tiempo que muestra su congoja, también transmite una sensación de paz, no porque acepte tal injusticia sino porque reconoce que como seres humanos todos -su hijo, él, su pareja, los médicos, las enfermeras, los familiares, los amigos...- hicieron lo humanamente posible por evitar lo inevitable. Y eso da paz aunque no evite el dolor de la pena, esa inmensa pena en la que como confiesa al final aún está instalado:
"Tras esta hora violeta no me espera ningún baile. No quiero ir a ningún lugar en el que no estés tú. Mi pena hace las veces de tu cuerpo. Mi pena te invoca y te reconoce.
Yo soy mi pena y mi pena eres tú" (pág. 191)
Literatura de altísimo nivel
Al acabar de leer este libro testimonial la sensación principal que he tenido es la de haber asistido a una manifestación literaria de gran altura. Aunque estemos ante una obra de no-ficción eso no quiere decir que no sea "La hora violeta" literatura de muchos quilates. Lo es en muchos aspectos y no sólo en los formales.

Temáticamente aún siendo el principal asunto tratado el de la terrible enfermedad de su hijo Pablo y la lucha sin cuartel contra ella, el escritor no se limita sólo a ella sino que a su través salta a otros:
  • La sanidad española representada en las doctoras y personal sanitaria que con inmensa altura profesional y también afectiva atendieron a Pablo. 
    "La hora violeta", Sergio del Molino, novela testimonial, No-ficción
  • La solidaridad más pura representada en la Fundación Josep Carreras, por la que de una donante de otro país le cupo a Pablo albergar cierta esperanza;
  • La esperanza y la ayuda desinteresada entre los habitantes del ala hospitalaria de Oncología infantil: los padres, los chicos mayores a los pequeños y a sus padres muchas más asustados los segundos que los primeros, las enfermeras y su conexión y buen hacer con los niños enfermos, etc.
  • Los distintos tipos de colaboradores hospitalarios. Del Molino distingue entre 'provincianos' y 'extranjeros'. Los primeros no rehúyen, como si no existiera, la enfermedad; los segundos, los 'extranjeros' son principalmente religiosos -sobre todo evangélicos- y no saben integrar las bombas, las jeringas... Hacen como que no las ven. Su finalidad es lograr adeptos a su causa, no ayudar.
Naturalmente es el plano formal lo que en esta novela resalta por encima de todo lo demás. Yo destacaría:
  • La descripción y caracterización de algunos de los personajes:
    • Eva, una chica de quince años "que lleva un pañuelo en la cabeza y no soporta el aislamiento. Quiere salir con sus amigos, ligar con chicos, ir a clase, maquillarse, beber cerveza y sentir el cierzo alborotar un pelo que no tiene" (pág. 41)
    • Cris, la madre de Pablo: "Es nuestra guardiana. Al custodiar a Pablo me custodia a mí también. Es el fuego de mi lar. Sin ella, Pablo y yo habríamos sucumbido hace tiempo al frío. Ambos estaríamos podridos y devorados por los buitres" (pág. 104)
  • La utilización de la literatura  como recurso formal
    • Metáforas, para ayudarse en la lucha directa contra la enfermedad, no para engañarse. Al respecto echa mano de Susan Sontag que ya en 1978 dijo que "la enfermedad está llena de metáforas y que el mejor modo de permanecer sano en ella es ignorándolas o destruyéndolas" (pág. 33). Pero al tiempo -reconoce el escritor- sólo la literatura, sus metáforas, pueden explicar lo inefable que tiene el sufrimiento provocado por el cáncer: "Las metáforas, una vez más, nos salvan, aunque no nos engañan. Nos ayudan a adoptar una pose menos miserable, pero no nos resguardan del dolor ni nos acorazan contra la realidad que, impasible, avanza desnuda, sin tropos literarios" (pág. 77).
    • Referencias a autores y títulos porque el escritor, no puede remediarlo, vive en literatura, todo lo que vive lo filtra a través de sus lecturas, de aquellos autores que directa o indirectamente tocaron el tema del horror de la enfermedad como Thomas Mann en "La montaña mágica" ("Esta novela contamina mis primeros días en el hospital. Me siento como Hans Castorp. Todos los libros que llevo a la habitación parecen titularse 'Ocean Steamships' y están cubiertos por una carbonilla de ferrocarril", pag. 35), Edgar Allan Poe en sus cuentos de terror ("como personajes de Poe, catalépticos", dice para describir el estado de los enfermos tras ser tratados con quimioterapia) o, claro, Primo Levi, el autor de 'Si esto es un hombre', cuando quiere hacer un símil de los estragos ocasionados por la enfermedad con esos testimonios de Levi sobre lo ocurrido en los campos nazis. Hay muchos otros autores (Cortázar, Juan Marsé, Francisco Casavella, etc.) así como personajes o libros referenciados (el Pijoaparte de Marsé, el Gran Watusi de Casavella, la Maga de Cortázar, etc.) que le sirven para metaforizar y realizar símiles que le permitan sobrevivir a experiencia tan dura.
    • "Mortal y Rosa" de Francisco Umbral. Lugar aparte y bien diferenciado merece esta
      Ensayo, memorias, crónica, pena, dolor, duelo, enfermedadobra que el escritor vallisoletano escribiera en 1975 describiendo el duelo ante la muerte de su hijo Pincho que enfermó de leucemia a los cinco años de edad. Sergio del Molino  confiesa que su vocación literaria nació con la lectura de este libro de Umbral ("Yo quería ser un escritor como Umbral. Quería mancharme y herirme de muerte en la Literatura, sin importar si la máscara pública tenía un correlato con los libros", pág. 175). Es cierto, conociendo ambos libros, que el género híbrido de novela, ensayo, prosa poética. memorias... que es "La hora violeta" debe mucho a "Mortal y Rosa".

  • La música es otro de los elementos que conforman este relato. Sergio del Molino la utiliza en un doble sentido:
    • terapéuticamente para poder él mismo aguantar y seguir en la brecha luchando junto a su mujer y su hijo.
    • y también como manera de explicar más plásticamente aquello que nos quiere hacer llegar. Sus referencias musicales al respecto son las del rock porque sus orígenes familiares son los que son ("Qué más quisiera yo que haber crecido en una casa con abono familiar para el Auditorio Nacional", pág. 111); por ello escucha a Leño, a Rory Gallagher, a los Rolling Stones, a Johnny Cash...


Enorme emotividad. Envolviéndolo todo, convirtiendo este libro en una joyita, esta la Poesía. Sí, una poesía con mayúscula que emociona cuando la percibimos en frases sueltas ("...y siento la pesadez de la tarde"  ) y sobre todo en aquello que trasciende de la lectura de esta obra en la que el novelista se desnuda ante el lector, se muestra en su más límpida intimidad, se muestra tal cual es
"Una y otra vez ciclo tras ciclo, bolsa tras bolsa, centilitro tras centilitro. Y todo para nada. Toda esa mierda que puede fulminar al más robusto de los seres humanos en pocas horas, no es capaz de detener la puta leucemia" (pág. 85)
La poesía subyacente en el relato actúa sobre la emotividad del lector que en no pocas secuencias llega a estar al borde de las lágrimas. Pero no es  una emoción melodramática, falseada, como la que deriva de un culebrón o de una mala novela del corazón. No, aquí hay realidad y sinceridad pura y dura. La obra nos coloca directamente frente a la dureza de la vida. Si a esto añadimos que quien sufre es el propio hijo de quien la escribe, sabemos que no cabe fingimiento alguno. Muchas secuencias me han emocionado profundamente, pero si hubiera de elegir una como ejemplo elegiría aquella en la que el periodista Sergio del Molino recuerda cómo durante unas Navidades de bastantes años antes a lo que  el jefe de su periódico le encargó un reportaje sobre una niña con leucemia cuyo caso había llegado a los medios porque su madre había hecho a través de televisiones y periódicos un llamamiento público para que alguien le donase médula, único remedio posible a la enfermedad de la niña de cinco años. En la despedida el novelista por animarla le dice:
"Bueno, seguro que todo sale bien, ya verás. Y ella, sin acritud ninguna, concluyó: No, nada se va a solucionar. No hay ninguna solución. Lo pronunció con naturalidad, sin emoción aparente, sin ni siquiera traslucir un destello de resignación dolorosa" (pág. 102)
Para finalizar
De esta novela se desprende un mensaje esencial: la necesidad de diferenciar lo urgente de lo importante. Es la enseñanza que su autor extrae de la terrible enfermedad y de la pena y duelo subsiguientes:
"Prohibido ensimismarse en lo importante. Hay que atender lo urgente". (pág.126)
Y lo urgente es la tarea, el día a día, el camino, el "Keep on moving"; lo importante es lo trascendente, tarea propia de filósofos y poetas que buscan certezas absolutas. Los seres humanos nos debemos a la contingencia diaria, al día a día, a lo que toca hacer... Y cuando llega la enfermedad no cabe instalarse en las certezas, hay que moverse y luchar aunque como la madre de la niña de cinco años en el fondo sepamos que "nada se va a solucionar. No hay ninguna solución". No debemos dejar que lo importante nos paralice, hay que pelear siempre.


Datos del libro
Autor: SERGIO del MOLINO
Título: “La hora violeta”
Nº de páginas: 208 págs.
Encuadernación: Tapa blanda
Editorial: Mondadori. Edición: 001 (21 de marzo de 2013)
Lengua: CASTELLANO
ISBN-13: 978-8439727132
Precio:
En papel: 16,50€
Ebook: 6,64€

6 may. 2018

Inés Plana: "Morir no es lo que más duele"

25 comentarios:
Las primeras novelas de autores desconocidos suelen despertar en mí cierta prevención. Cuando, tras leer varias reseñas elogiosas de esta novela negra de Inés Plana, decidí leerla, la duda seguía anidando en mi ánimo. Pero, es cierto -cada día me reafirmo más en ello- que las primeras líneas de los relatos marcan con claridad el derrote que tomarán los mismos. Desde el principio esta narración de Inés Plana me atrapó y por ello no puedo menos que declarar la enorme gratitud que le debo pues su novela me ha proporcionado una lectura agradabilísima, fantástica.

Editorial Espasa Calpe, Inés Plana, Morir no es lo que más duele

La autora (datos biográficos tomados de la página web de la propia editorial)
Inés Plana nació en Barbastro (Huesca). Es licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad Autónoma de Barcelona y desde el principio desarrolló su carrera profesional en Madrid. Ha trabajado en diversos medios de prensa escrita y, en el terreno editorial, ha creado y coordinado distintas colecciones de títulos relacionados con la divulgación de la historia y el arte. Actualmente es directora del periódico-magacín Vivir Bien, en la Comunidad de Madrid. Vive en Galapagar, Madrid.
"Morir no es lo que más duele" es su primera novela: trabajó en ella durante cinco años.

Sinopsis (proporcionada por la propia editorial)
Un hombre aparece ahorcado en un pinar a las afueras de Madrid, con los ojos arrancados de cuajo. En uno de sus bolsillos se halla un papel con el nombre y la dirección de una mujer: Sara Azcárraga, que vive a pocos kilómetros del escenario del crimen. Frágil, solitaria, bebedora de vodka en soledad, Sara rehúye cualquier contacto con las personas y trabaja desde casa. El teniente de la Guardia Civil Julián Tresser se hace cargo del caso, asistido por el joven cabo Coira, que se enfrenta por vez primera a una investigación criminal, una investigación difícil, sin apenas pistas, con demasiados enigmas. A medida que el teniente Tresser avance en sus indagaciones, descubrirá unos hechos que darán un trágico vuelco a su existencia y le conducirán a un viaje a los infiernos que marcará su vida para siempre.

Mi opinión 
Siendo como soy de Salamanca, tierra chacinera, podría decir de "Morir no es lo que más duele" algo parecido a lo que se dice del cerdo en el campo charro donde nací, que de esta novela me gusta todo, que no veo nada desaprovechable en ella. Vamos, que, emulando los dichos aplicados a ese animal tan sabroso, de esta narración me gustan hasta los andares. Intentaré exponer por qué:

1) Personajes variados y perfectamente diseñados. No encuentro ninguno del que pueda decir algo negativo pues cada uno destaca con una individualidad bien definida. Esto que parece una frase  hecha, un lugar común de cualquier comentarista elogioso, en mi caso no es tal pues todos los caracteres de los muchos que pueblan la historia carecen en mi opinión de puntos débiles. Da lo mismo que sean Guardias Civiles (el Tte. Tresser y su infierno interior; el cabo Coira con sus problemas de relación con Lola,su novia; el capitán Díaz Visedo con su afición micológica y sus problemillas de salud fruto de los años que no pasan en balde; o la sargento Baldellou de Lloret de Mar), profesionales médicos (el forense Guix o la psiquiatra Adelaida Mabrán), la familia del teniente Julián (su padre al que perdió siendo niño; la madre a la que evitaba y luego echaba tanto en falta; sus recuerdos infantiles que le agobian con imágenes fantasmagóricas que irán tomando cuerpo y sentido; sus relaciones de vecindad con Raimundo, por ejemplo), el mundo íntimo de Sara Azcárraga (profesionalmente, correctora de estilo; personalmente ha borrado de su memoria unas experiencias que la han atacado para siempre), el mundo delictivo más brutal (Halcón, Águila, Búho, Luba...), el profesor asesinado, Tomás García Huete, y su mundo de relaciones en el momento de su muerte y en el lejano año de 1973, etc.

2) Una auténtica proliferación de temas y asuntos que se integran unos y otros a la perfección en el relato. Destacaré sólo algunos: la brutalidad de las guerras; el sufrimiento de las mujeres, muy superior siempre al de los hombres; el amor y el desamor; la escasez de medios policiales; el conflictivo momento de enfrentarse a la paternidad; la deshumanización de la medicina cuando se reduce a aplicar protocolos; la literatura, en especial la poesía, como refugio y asidero para seguir viviendo; el alcohol como falsa vía de escape de los problemas; la burbuja inmobiliaria a punto de estallar; el fuerte machismo que impregna gran parte de la sociedad; etc.

Novela negra madrileña, Inés Plana
3) La ubicación de la historia me ha gustado mucho al desarrollarse en lugares que conozco a las mil maravillas (zona noroeste de Madrid, sierra de Guadarrama, sierra de Gredos en la provincia de Ávila, la propia ciudad abulense...) y que no suelen ser habituales en la novela negra española más amiga de situar las historias en ciudades populosas y cosmopolitas como Madrid o Barcelona.

4)El ritmo narrativo. Inés Plana teje una trama compleja muy bien hilada que lejos de desanimar al lector le incita a devorar las páginas deseoso de aclarar cuantos giros argumentales sorprendentes introduce en la narración. Es una novela de la que cuesta desprenderse una vez iniciada.

5) El tiempo. Quizás en esa adicción lectora que con maestría la escritora barbatrense provoca tenga un papel importante la rapidez con que todo sucede, poco más de una semana del año 2007. Un año que está marcado como el del inicio de la crisis económica: “Aquella España del año 2007 seguía disfrutando con placer ciego de una gran orgía inmobiliaria". Al tiempo que la historia transcurre ese año hay continuas referencias a sucesos acaecidos en 1973. La narración bascula entre ambos momentos buscando las razones del hoy en los acontecimientos de ayer. Un narrador omnisciente conduce con buen tino la historia que discurre linealmente en uno y otro tiempos.


6) Crítica socio-política de baja intensidad. Otro de los elementos que me llevan a elogiar esta novela es la delicadeza, la elegancia, con que la escritora deja caer detalles muy de la sociedad en la que se están desarrollando los sucesos que configuran la narración. Destacaría las alusiones con velada crítica a esas urbanizaciones que proliferan en el entorno de las grandes ciudades: "en aquella urbanización. como en tantas otras de la zona, resultaba difícil ir a por el pan sin subirse al coche" (pág. 59). También me parece digna de señalar esa contradicción tan presente en nuestra sociedad que se dice liberada de tabúes pero en la que los homosexuales ocultan con frecuencia su orientación sexual lo que les origina no pocos problemas personales: "
«¿De qué les sirve jalearse a sí mismos en la maldita Fiesta del Orgullo Gay si al día siguiente andan escondiéndose por los rincones y comunicándose mediante contraseñas?», fue su última reflexión sobre el asunto, sin hacer un esfuerzo más por comprender los mundos que no eran los suyos." (pág. 299) -piensa el teniente Tresser-. Otro tanto cabría decir de esa endémica carencia de medios de la que se quejan los guardias civiles: la vieja casa cuartel de Hoyos de Aguas siempre húmeda y fría.

7) Elementos de estilo. Aquí me gustaría señalar el uso que hace la novelista de la música y de la literatura como procedimientos caracterizadores para algunos personajes: la poesía intimista de Emily Dickinson y las canciones de Karina como aficiones bien diferenciadoras de los dos personajes que están en el origen motivador del relato.


En el campo de las aficiones literarias, la poesía de Dyckinson o los relatos de Poe son del gusto de Sara Azcárraga, mientras que una novela sobre la Princesa de Éboli (seguramente la que en 1998 escribió Almudena Arteaga. Pura intuición personal mía y, por lo tanto, quizá equivocada) es el tipo de lectura relajante que agrada a la psiquiatra Mabrán.

Musicalmente, la correctora de estilo se deleita escuchando a los Carpenters mientras que su perseguidor lo hace con los temas de Karina y de Danny Daniel. Y aunque ya fuera del relato, Inés Plana confiesa en las páginas finales dedicadas a los agradecimientos el que ella debe a Ennio Morricone cuyas composiciones musicales la han acompañado durante la escritura de esta novela. Vistos los gustos musicales de unos y otros, bien nos hacemos idea de sus distintas personalidades.

En este apartado del estilo creo que hay que destacar la elegante veta humorística que en ocasiones la novelista deja ver. Así me ha parecido percibirlo cuando el capitán Díaz Visedo y Adelaida Mabrán discrepan sobre un asunto y el primero reflexiona:  "Aquella parecía una conversación de idiotas. «No lo sé, no lo sabemos, ¿qué parte de no lo sé no ha entendido?», le hubiera gustado replicarle" (pág. 181). Este '¿qué parte de no lo sé no ha entendido?' tiene evidentes resonancias políticas próximas en el tiempo. También me parece graciosa esa clasificación tan profesional que da la doctora Mabrán del estado del teniente Tresser ("el teniente estaría incubando un trastorno de estrés postraumático") para esconder la evidente atracción que parece está empezando a sentir por él.

Conclusión Morir no es lo que más duele, Novela negra madrileña, Thriller
Quisiera destacar, para finalizar, la corrección absoluta de la escritura de esta novela. Desgraciadamente, -y de aquí mis iniciales temores ante una primera novela-, es demasiado frecuente encontrar errores garrafales de todo tipo (ortográficos, impropiedades semánticas, barbarismos, etc.) en novelas de autores noveles. No es el caso de Inés Plana que presenta un texto más que correcto, perfecto. Da gusto leer un castellano tan bien escrito, que no pretende sorprender con alardes innecesarios que comúnmente echan por tierra una buena historia. Inés Plana es una escritora de una pieza que ha escrito una historia creíble, muy entretenida, incisiva con aspectos de negra sociedad, dura en ocasiones, una historia que no rehúye en algunos momentos lo escabroso o desagradable si ello conviene al conjunto del relato. En definitiva, una novela que, seguro, tendrá -ya la está teniendo- una magnífica andadura. Y una novelista que a poco que se lo proponga la veremos codearse con la élite de la literatura en español. Por lo que leo en las redes da la impresión de que la segunda novela de esta oscense ya está cocinándose, una buena noticia sin lugar a dudas. Y es que, en definitiva, Inés Plana no es flor de un día, es una escritora de la que habrá que estar muy atentos en el futuro. 
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